Redacción: Daniel Noriega
La degradación ambiental en México crece sin control. Análisis de las alarmantes cifras de contaminación atmosférica, del suelo y los recortes presupuestales para 2026.

Los datos más recientes del INEGI pintan un panorama sombrío para el ecosistema nacional. Con un incremento del 77% en la degradación del suelo y una contaminación atmosférica que no cede, México enfrenta una crisis ambiental sin precedentes, justo cuando los recursos para su protección sufren una reducción significativa.
La realidad ambiental en México ha entrado en una fase crítica que exige atención inmediata. De acuerdo con las cifras publicadas por el INEGI correspondientes al cierre de 2024 y proyectadas hacia el presente ciclo, los costos totales por el agotamiento y la degradación de nuestros recursos naturales han alcanzado niveles récord. El rubro de la degradación del suelo es uno de los más impactantes, mostrando un crecimiento absoluto de más de 92 mil millones de pesos desde 2018, lo que representa una alarmante expansión del 77.34% en la pérdida de fertilidad y salud de nuestras tierras.
Por si fuera poco, la contaminación atmosférica se mantiene como el desafío más grave para la salud de los mexicanos. Los costos asociados a la mala calidad del aire han pasado de 656 mil millones de pesos en 2018 a más de 832 mil millones en el registro más reciente. Este incremento del 26.8% no solo representa un golpe económico por la pérdida de productividad y gastos en salud, sino que evidencia la ineficacia de las políticas actuales para frenar las emisiones contaminantes en las grandes urbes del país.
A pesar de que el diagnóstico es claro y los costos van al alza, el presupuesto asignado para el sector ambiental en este 2026 presenta una tendencia preocupante. Se estima que los recursos destinados a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) sufrirán una reducción real del 4.3% respecto al año anterior. Áreas vitales como la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) enfrentan recortes que las sitúan en sus niveles presupuestales más bajos en dos décadas, comprometiendo la vigilancia y conservación de los pulmones naturales de la nación.
El manejo de residuos sólidos y la falta de tratamiento de aguas residuales también presentan incrementos significativos en sus costos de impacto, con subidas del 71% y 60% respectivamente en los últimos seis años. Esta acumulación de pasivos ambientales sugiere que, lejos de avanzar hacia una economía circular o sostenible, el país está pagando cada vez más caro el precio de la inacción y la falta de infraestructura adecuada para el saneamiento básico.
La degradación ambiental en México no es solo un concepto abstracto; es una cuenta que se paga con salud, recursos naturales y el futuro de las próximas generaciones. La brecha entre el daño causado y la inversión para repararlo se hace cada vez más grande. Sin una rectificación en la estrategia presupuestal y una voluntad política que priorice la restauración de nuestros ecosistemas, el costo de la crisis climática seguirá subiendo hasta volverse impagable. Es imperativo que el sector ambiental reciba el respaldo necesario antes de que los daños sean irreversibles.

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