Redacción: Daniela Paredes Rocha

Mozambique enfrenta una decisión clave: apostar por el gas natural para impulsar su economía o dar el salto directo a las energías renovables. Analizamos el dilema energético de los países en desarrollo ante la transición global hacia un futuro bajo en carbono.
Mozambique está ante una situación crítica, por un lado, en su costa norte, proyectos de gas marítimo por valor de miles de millones de dólares tienen la capacidad de generar importantes ingresos nuevos. Por otro, el país tiene un gran potencial solar y eólico sin explotar.
Pero la demanda mundial para dejar el desarrollo de nuevos combustibles fósiles pone a muchos países, como Mozambique, ante un problema: ¿debe el más pobre quemar combustibles fósiles para crecer o tendrían que dar un salto directamente a las energías limpias?
¿Más utilidades con los combustibles fósiles? Durante décadas, las naciones desarrolladas construyeron su poder quemando carbón, petróleo y gas, lo que constituye una parte distinta y enorme de las emisiones globales. Importante: Estados Unidos, la Unión Europea y China han sido los mayores contaminantes del mundo, según el Presupuesto Global de Carbono.
Muchos líderes energéticos de África y Asia dicen que es injusto negar a las actuales economías en desarrollo la misma vía de aumento. Pero con las emisiones de gases de efecto invernadero en niveles récord y el calentamiento global aumentando, los científicos climáticos mencionan que ya no es posible que todos sigan este camino.
Hay pocos estudios que hablan sobre el camino que es más factible para países que están ante una disyuntiva, como Mozambique, Senegal o Mauritania.
Es improbable si el gas de Mozambique estará siendo tan competitivo en los mercados mundiales cuando el proyecto se concrete en los próximos años. Después de todo, las principales economías tienen como objetivo bajar radicalmente sus emisiones para 2050, y los analistas afirman que la demanda de gas, carbón y petróleo podría tener su punto máximo en esta década.
Sobre el papel, la economía de las energías renovables se ha modificado de forma decisiva. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables, más del 90% de los nuevos proyectos de energía limpia en todo el mundo hacen electricidad a un costo menor que las nuevas centrales de combustibles fósiles.
En Kenia se espera que dé frutos. El país genera casi el 90% de su electricidad a partir de energías renovables. Pero el Gobierno keniano igual apostó por este tipo de energía en la década de 1990 y principios de los 2000.
No existe una solución única para todos los países en lo que se refiere a la transición energética. Investigadores han visto que el camino que puede seguir un país depende de varias cosas: cómo se integran actualmente los combustibles fósiles en su economía, si se usan principalmente en el país o se exportan, y cuán variada está ya el resto de la economía.
Los países más ricos podrían ayudar a impulsar la transición hacia las energías renovables. Y es que una de las mayores trabas es el elevado costo principal. Igualmente, los países más pobres y expertos en clima llevan mucho tiempo argumentando que se requiere mucha más capitalización pública para el clima, para movilizar la inversión privada. Sin seguridades y sin reparto de riesgos, muchos proyectos de energía limpia siguen siendo demasiado audaces para los bancos.
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