Redacción: Ximena Zarahi Moreno Luna
La conservación de especies emblemáticas, la desigualdad climática y los avances en salud pública marcan la agenda científica actual. Expertos advierten que actuar hoy es clave para evitar daños irreversibles al planeta y a las poblaciones más vulnerables.

México enfrenta importantes retos y avances en materia ambiental, climática y de salud pública, temas que hoy ocupan un lugar central en la agenda científica global. Desde la protección de especies en peligro de extinción hasta la urgencia de reducir las emisiones de carbono, especialistas coinciden en que la acción inmediata es indispensable para garantizar un futuro sostenible.
Especies como el jaguar, el lobo mexicano y el oso negro son fundamentales para la biodiversidad del país. Al ser depredadores tope, cumplen una función clave como reguladores naturales de poblaciones silvestres y contribuyen al equilibrio de los ecosistemas. Sin embargo, durante décadas han sido incomprendidos, perseguidos y aniquilados, principalmente por conflictos con actividades humanas.
Ante este panorama, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) impulsa un programa federal de coexistencia, cuyo objetivo es promover la conservación de estas especies mediante la colaboración entre autoridades, científicos y comunidades locales. El plan contempla acciones en regiones como la península de Yucatán, el Pacífico Central y las zonas serranas del norte del país.
Entre las estrategias destacan la capacitación a ganaderos para proteger su ganado, el confinamiento nocturno de animales y el fortalecimiento de la educación ambiental, con el fin de reducir la cacería y los conflictos entre humanos y fauna silvestre. En comunidades como algunas de Chihuahua, incluso se han implementado iniciativas como la llamada milpa del oso, destinada a proporcionar alimento durante temporadas de escasez.
En paralelo, la crisis climática evidencia profundas desigualdades a nivel global. Datos recientes señalan que, en los primeros diez días de 2026, el 1 % más rico de la población mundial agotó su presupuesto anual de carbono. Este grupo concentra estilos de vida altamente contaminantes, caracterizados por el uso frecuente de jets privados y el consumo excesivo de recursos.
De acuerdo con estudios de Oxfam, un solo vuelo corto en jet privado puede emitir hasta dos toneladas de CO₂ por hora, mientras que una persona promedio en México genera alrededor de 3.8 toneladas al año. Además, las inversiones de los multimillonarios suelen estar ligadas a industrias altamente contaminantes, lo que agrava aún más la emergencia climática.
La evidencia científica advierte que, para mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1.5 grados centígrados, este sector de la población debería reducir sus emisiones en un 97 % en los próximos cuatro años. De no hacerlo, se estima que para 2050 las pérdidas económicas podrían alcanzar los 44 billones de dólares, además de millones de muertes asociadas al calor extremo, afectando principalmente a países de ingresos bajos y medios.
En contraste con este escenario, la región de América Latina y el Caribe registra avances significativos en salud pública. Durante el siglo XXI, las muertes por diarrea han disminuido de forma sostenida gracias a campañas de vacunación, hidratación, atención médica oportuna y acceso al agua potable. En México, la mortalidad por esta causa descendió 16 % en hombres y 14 % en mujeres entre 2000 y 2019.
Finalmente, la ciencia también alerta sobre un récord de calentamiento en mares y océanos durante 2025, con una acumulación de energía sin precedentes que acelera cambios climáticos abruptos y daña ecosistemas como los arrecifes de coral. A esto se suma el combate al tráfico ilegal de fauna, como el reciente rescate de 640 tortugas de pantano decomisadas en el aeropuerto de Tijuana y reubicadas en Tabasco.
Especialistas coinciden en que estos temas reflejan una misma realidad: la urgencia de transitar hacia modelos de desarrollo más justos, sostenibles y conscientes, donde la protección del ambiente sea también una garantía para la salud y la vida humana.

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