Redacción: Arely Negrete
La Ciudad de México levanta la contingencia ambiental por ozono en medio de un panorama que refleja los retos estructurales en materia de calidad del aire. El episodio reabre el debate sobre sostenibilidad, cambio climático y políticas ambientales en la capital del país.

La ciudad de México levanto la contingencia ambiental por ozono, esto después de que las concentraciones de este contaminante disminuyeran a niveles considerados aceptables. La decisión fue comunicada por la Comisión Ambiental de la Megalópolis, tras registrase condiciones meteorológicas que favorecieron la dispersión de contaminantes acumulados en la atmosfera.
A nivel del suelo el ozono no se emite directamente, se forma cuando los óxidos de nitrógeno y los compuestos orgánicos volátiles reaccionan en presencia de radiación solar intensa. Esta sustancia es proveniente principalmente del tránsito vehicular, de procesos industriales y del uso de combustibles fósiles.
Previo a la activación de la contingencia la combinación de las altas temperaturas, la escasa nubosidad y la baja velocidad del viento propició la acumulación que desencadeno los índices elevados de ozono por encima de los límites establecidos para salvaguardar la salud pública. Aunque el levantamiento significa una mejora, en realidad el problema es persistente.
La capital mexicana enfrenta condiciones geográficas que dificultan que los contaminantes puedan dispersarse fácilmente, ya que se ubica en una zona rodeada de montañas. Esta característica natural combinada con el crecimiento urbano se convierte en un desafío estructural y permanente para la calidad del aire.
Dentro de una perspectiva ambiental, los episodios recurrentes de altas concentraciones de ozono ponen en evidencia la necesidad de transformar el modelo de movilidad y consumo energético. Resulta indispensable fortalecer la eficiencia del transporte público, impulsar la transición hacia energías limpias y reducir las emisiones industriales, además de ampliar y conservar las áreas verdes urbanas para contribuir a mitigar el impacto.
El ozono no solo afecta la salud humana al provocar irritación en vías respiratorias y disminuir la función pulmonar, también impacta en la vegetación reduciendo la capacidad de los ecosistemas para capturar carbono. Esto implica consecuencias directas en la biodiversidad y en la resiliencia ambiental de la región.
La suspensión de la contingencia ofrece un respiro momentáneo, pero también nos recuerda que la calidad del aire depende de políticas sostenidas y cambios estructurales. La CDMX enfrenta el reto de consolidar estrategias ambientales a largo plazo que permitan reducir de manera permanente los niveles de contaminación y avanzar hacia un desarrollo verdaderamente sostenible.
Nosotros somos parte del problema, pero también podemos ser parte de la solución. Es un tema que nos compete a todos, tenemos el poder de sumarnos para que la calidad del aire mejore, al final las acciones que decidamos tomar pueden transformarse en un beneficio colectivo.
La ciudad de México levanto la contingencia ambiental por ozono, esto después de que las concentraciones de este contaminante disminuyeran a niveles considerados aceptables. La decisión fue comunicada por la Comisión Ambiental de la Megalópolis, tras registrase condiciones meteorológicas que favorecieron la dispersión de contaminantes acumulados en la atmosfera.
A nivel del suelo el ozono no se emite directamente, se forma cuando los óxidos de nitrógeno y los compuestos orgánicos volátiles reaccionan en presencia de radiación solar intensa. Esta sustancia es proveniente principalmente del tránsito vehicular, de procesos industriales y del uso de combustibles fósiles.
Previo a la activación de la contingencia la combinación de las altas temperaturas, la escasa nubosidad y la baja velocidad del viento propició la acumulación que desencadeno los índices elevados de ozono por encima de los límites establecidos para salvaguardar la salud pública. Aunque el levantamiento significa una mejora, en realidad el problema es persistente.
La capital mexicana enfrenta condiciones geográficas que dificultan que los contaminantes puedan dispersarse fácilmente, ya que se ubica en una zona rodeada de montañas. Esta característica natural combinada con el crecimiento urbano se convierte en un desafío estructural y permanente para la calidad del aire.
Dentro de una perspectiva ambiental, los episodios recurrentes de altas concentraciones de ozono ponen en evidencia la necesidad de transformar el modelo de movilidad y consumo energético. Resulta indispensable fortalecer la eficiencia del transporte público, impulsar la transición hacia energías limpias y reducir las emisiones industriales, además de ampliar y conservar las áreas verdes urbanas para contribuir a mitigar el impacto.
El ozono no solo afecta la salud humana al provocar irritación en vías respiratorias y disminuir la función pulmonar, también impacta en la vegetación reduciendo la capacidad de los ecosistemas para capturar carbono. Esto implica consecuencias directas en la biodiversidad y en la resiliencia ambiental de la región.
La suspensión de la contingencia ofrece un respiro momentáneo, pero también nos recuerda que la calidad del aire depende de políticas sostenidas y cambios estructurales. La CDMX enfrenta el reto de consolidar estrategias ambientales a largo plazo que permitan reducir de manera permanente los niveles de contaminación y avanzar hacia un desarrollo verdaderamente sostenible.
Nosotros somos parte del problema, pero también podemos ser parte de la solución. Es un tema que nos compete a todos, tenemos el poder de sumarnos para que la calidad del aire mejore, al final las acciones que decidamos tomar pueden transformarse en un beneficio colectivo.

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