Redacción Carlos Villa
Un amplio recorrido por los estados de la República que la CONAGUA ha clasificado como entidades donde se presentarían sequías de lo extremo hasta lo excepcional, acabando con la forma de vida que los productores habitualmente llevan; escasez de productos, desplazamiento y erosión acelerada.

Son innegables los efectos que el cambio climático está desatando alrededor del mundo y también en nuestro país. La manera tan acelerada en la que la temperatura aumenta, los vientos soplan más rápido y fuertemente, las olas golpean las costas de forma más feroz y los arduos rayos UV que emite el sol provoque que se mueran severamente todo lo verde para reemplazarlo por un tono árido y sin verde de vida.
Cuando la sequía entra en acción, es como si los ecosistemas y todas las regiones naturales entraran en un periodo de muerte lenta, gradualmente se van desvaneciendo a falta de agua que pueda proveerles de energía e hidratación para resistir las altas temperaturas.
Tan solo el año pasado, la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) pronosticó que, durante el transcurso de la primavera y el verano, entidades que se distribuyen desde el norte y hasta el centro-occidente del país serían quienes mayores afectaciones en sus cultivos tendrían generadas por la falta de agua.
Hablamos para estos casos de Chihuahua, Durango, Zacatecas, Michoacán, Jalisco, Aguascalientes, Guanajuato, San Luis Potosí, Coahuila, Sonora, Nuevo León, Baja California y Sinaloa. Estás entidades fueron clasificadas por la dependencia en las categorías D3 y D4, que significan sequía extrema y sequía excepcional, respectivamente.
La CONAGUA clasifica la ausencia de agua en los territorios mediante el Monitor de Sequía, un instrumento creado por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) en el que se puede categorizar las regiones del país que cuentan con mayores estragos y falta de agua en un nivel del 0 al 4, siendo el primero una sequía anormalmente seca y la última como aquella excepcional por fenómenos climáticos previsibles, pero no pronosticados.
Los numerosos efectos negativos que trae consigo la falta de agua y la aridez en algún territorio van desde la ausencia de liquido elemental para la realización de actividades económicas sobre todo en agricultura, ganadería y pesca, pero especialmente la muerte de cosechas al ser imposibles proveerles de agua a los cultivos y sembradíos, la manera en como lacera al campo mexicano acabando con la producción de meses en menos de una semana.
Algunas de las consecuencias que mayormente traerían afectaciones a largo plazo son evidentemente la disminución en el aumento de los rendimientos agrícolas, pues los cultivos quedarían estancados sin generación de alimentos.
Por supuesto que aumentaría el costo de producción y financiamiento de la cosecha, al usar prolongadamente riego suplementario utilizado artificialmente (es decir, ajeno al ecosistema habitual pues no está dotando de agua) además de fertilizantes, las provisiones no durarían para todo el tiempo de fuertes temperaturas.
Los suelos comenzarían a iniciar su proceso de degradarse más pronto de lo habitual, esto debido a que no existe materia orgánica generada que contribuya a la cobertura menos acelerada de este proceso erosivo.
Otra consecuencia inminente es que los productores al verse rebasados por un factor ambiental externo que a ellos les es difícil controlar y combatir, acabarían por vender aquello terrenos y desplazarse de su lugar de origen o bien dedicarse a otro empleo pues la producción agrícola dejó de ser un medio de sustento. Hoy, vivir en un suelo donde no falte agua resulta un privilegio.
Algunos de los cultivos que más expuestos quedan a su muerte por los embates de las sequías son aquellos que son vulnerables al estrés hídrico y por ello, requieren de un poco más de agua que algunos otros, los alimentos afectados van desde la caña de azúcar, la alfalfa, arándano, zarzamora, forrajes, trigo, y especialmente el maíz, tanto el temporal como el de riego. Alimentos frescos.
La ausencia del agua y el fortalecimiento de la sequía en nuestro país terminará por afectarnos silenciosamente desde como percibimos el calor hasta lo que llega (o no) a nuestra mesa en calidad de escasez o abundancia.

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