Iniciativa pública y Medio ambiente Vida Natural

Cultivar en la ciudad: cómo los huertos urbanos mejoran nuestro entorno

Redacción: Astrid Sánchez 

Los huertos urbanos que transforman el asfalto de la CDMX en espacios de resiliencia, estos oasis verdes combaten el calor extremo, protegen a polinizadores como abejas y mariposas, además fortalecen la seguridad alimentaria a través de la organización comunitaria y el Sistema de Huertos de la ciudad. 

Cultivar en la ciudad

En medio del concreto, el tráfico y la densidad de las grandes capitales como la Ciudad de México, una solución sencilla y a la vez poderosa está tomando cada vez más fuerza, los huertos urbanos. Estos espacios verdes, ya sean pequeños jardines en azoteas, parcelas comunitarias en lotes baldíos o huertos dentro de unidades habitaciones, sirven para cultivar alimentos, conectar con la naturaleza y mejorar la calidad de vida. Aunque muchas personas asocian la agricultura exclusivamente con el campo, estos proyectos demuestran que es posible sembrar, producir y cuidar el entorno desde el corazón de las zonas urbanas, transformando así espacios grises y tristes en rincones vivos y productivos.  

Un huerto urbano no se limita a un jardín casero, puede ser un proyecto compartido entre vecinos o un área educativa en donde familias enteras siembran frutas y hierbas. Además de ofrecer acceso directo a alimentos frescos, estos espacios son herramientas clave para promover la sustentabilidad y la resiliencia de las ciudades frente a desafíos como la contaminación y el cambio climático. De hecho, una de las ventajas más claras es su contribución a la calidad del aire, esto debido a que las platas absorben dióxido de carbono mientras liberan oxígeno, aliviando la mala calidad del aire típico de las zonas metropolitanas. Además, al cultivar localmente se acortan los traslados de los productos desde zonas rurales, reduciendo así drásticamente las emisiones de carbono por transporte. 

Desde un punto de vista más ecológico, estos huertos son vitales porque fomentan la biodiversidad al atraer polinizadores como abejas, mariposas y aves que encuentran refugio y alimento entre las plantas. Esta presencia de vida silvestre no solo embellece la ciudad, sino que fortalece servicios ecosistémicos esenciales como la polinización, la cual es crucial para la producción global de alimentos. Asimismo, los huertos ayudan a mitigar el efecto de “isla de calor urbano”, el cual es el fenómeno en donde el concreto eleva la temperatura de la ciudad, esto porque al plantar vegetación se crea sombra y se libera humedad, generando un enfriamiento natural que hace nuestras calles mucho más confortables. 

En el aspecto social, el impacto es igual de significativo, pues los huertos funcionan como espacios de encuentro en donde las personas comparten técnicas de cultivo y fortalecen vínculos comunitarios. En la Ciudad de México, esfuerzos como el Sistema de Huertos Urbanos ya agrupan huerto-escuelas y espacios en unidades habitacionales para impulsar políticas verdes. Al final del día, esto también es una herramienta de seguridad alimentaria, pues al producir verduras y frutas localmente se reduce la dependencia de sistemas de distribución costosos y mejora la disponibilidad de comida sana en barrios vulnerables, porque esto al final no es solo plantar semillas, es sembrar comunidad, bienestar y una verdadera esperanza verde en medio del caos y el asfalto. 

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