Redacción: Javier Escárcega
Litigio Estratégico Indígena A.C. cumple dos décadas defendiendo derechos humanos, pueblos indígenas y medio ambiente, destacando la lucha jurídica por el rescate de ríos contaminados y la protección del territorio frente al poder.
Durante dos décadas, el Litigio Estratégico Indígena A.C., encabezado por el Dr. Carlos Morales y la Mtra. Mariana Yáñez, se ha consolidado como un referente nacional en la defensa de los derechos humanos, los pueblos indígenas y el medio ambiente. Su trabajo ha demostrado que la justicia no solo protege a las personas, sino también a la tierra, al agua y a los territorios que sostienen la vida comunitaria. En un contexto de reformas constitucionales que debilitan los contrapesos democráticos, su labor adquiere una dimensión ambiental estratégica. Defender la legalidad implica hoy defender los ecosistemas frente a la omisión y la corrupción institucional. La naturaleza, como sujeto de protección, ha sido colocada en el centro del debate jurídico.
Las reformas impulsadas por la 4T, especialmente aquellas que afectan al Poder Judicial y a los órganos autónomos, representan un riesgo para la protección ambiental. Al concentrar el poder y debilitar los mecanismos de vigilancia, se abre la puerta a proyectos extractivos y decisiones gubernamentales que ignoran el impacto ecológico y social. Litigio Estratégico Indígena ha advertido que sin división de poderes no hay garantía para los derechos ambientales. La destrucción del equilibrio constitucional afecta directamente a comunidades indígenas que dependen de ríos, bosques y tierras sanas. Por ello, la defensa del medio ambiente se vuelve una defensa de la democracia misma.
Uno de los casos más emblemáticos de esta organización es la sentencia para el rescate de los ríos Salado y Atoyac en Oaxaca. A través del litigio estratégico, se visibilizó una contaminación histórica que había sido normalizada por autoridades omisas. Estos ríos, convertidos en focos de infección, reflejan cómo la corrupción y la indiferencia institucional dañan directamente a la salud pública y al entorno natural. Litigio logró colocar el tema en la agenda estatal y federal, evidenciando que la degradación ambiental es resultado de decisiones políticas. La lucha por ríos limpios es, en esencia, una lucha por la vida.
Carlos Morales ha señalado que la contaminación no solo es producto de actos ilegales, sino de conductas omisivas sostenidas durante décadas. Autoridades que aceptan cargos sin comprender ni atender la crisis ambiental se convierten en cómplices del deterioro ecológico. A pesar de la sentencia del juicio de amparo 621/2016 y de la recomendación 57/2020 de la CNDH, persiste la resistencia a cumplir con las medidas de saneamiento. Esta falta de acción demuestra la fragilidad del Estado de derecho frente a los intereses económicos. En este escenario, la sociedad civil organizada emerge como la última línea de defensa del medio ambiente.
La defensa del territorio también se expresa en la protección de la cultura y las prácticas comunitarias ligadas a la naturaleza. Litigio Estratégico Indígena evitó el uso comercial descontextualizado de la Guelaguetza, recordando que se trata de un patrimonio cultural intangible vinculado a los pueblos indígenas y afromexicanos de Oaxaca. Proteger esta festividad implica defender una relación ancestral con la tierra, el maíz, el agua y la comunidad. La cultura no puede separarse del entorno natural que le da origen. Su mercantilización representa otra forma de despojo ambiental y simbólico.
El origen de Litigio Estratégico Indígena A.C. está marcado por la bendición del obispo Arturo Lona Reyes, defensor incansable de los pueblos y de la tierra. Su legado de caminar junto a las comunidades, escuchar sus necesidades y proteger el territorio sigue vivo en cada acción jurídica emprendida. La organización ha demostrado que el derecho puede ser una herramienta poderosa para frenar abusos y restaurar ecosistemas dañados. En tiempos de autoritarismo y crisis ambiental, su historia confirma que defender los derechos humanos es también defender la naturaleza. La justicia ambiental, desde abajo y con las comunidades, sigue marcando el rumbo.

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