Cambio climático Clima y Crisis

El aumento de temperatura está reescribiendo el comportamiento de las abejas

Redacción: Daniel Noriega 

Estudio de la Universidad de Monash revela que el calor extremo altera el comportamiento de la abeja melífera europea, afectando su atracción a la luz y polinización. Las abejas nativas muestran mayor resistencia. 

abeja melipona

El cambio climático no solo derrite los polos o intensifica los huracanes; también está alterando los mecanismos biológicos más sutiles y vitales de nuestro ecosistema. Un reciente estudio científico ha encendido las alarmas al confirmar que el aumento de la temperatura global está modificando drásticamente el comportamiento de la abeja melífera europea (Apis mellifera), el polinizador más importante para la agricultura mundial. Los hallazgos sugieren que el calor extremo está interfiriendo con sus instintos más básicos, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria del planeta. 

La investigación, liderada por la Universidad de Monash en Australia y publicada en el prestigioso Journal of Insect Physiology, arroja datos sobre un fenómeno preocupante: las abejas productoras de miel están perdiendo su capacidad de respuesta ante estímulos clave bajo condiciones de estrés térmico. A diferencia de otros estudios que se centraban en la mortalidad directa por calor, este trabajo analizó cómo las altas temperaturas afectan la neurología y los sentidos de los insectos. 

Los científicos realizaron experimentos comparativos entre la abeja melífera europea y especies de abejas nativas australianas (Lasioglossum), sometiéndolas a diferentes rangos de temperatura (28 °C y 32 °C) y tipos de luz. Los resultados fueron contundentes: mientras que las especies nativas mantuvieron su comportamiento habitual, la abeja europea mostró una reducción significativa en su atracción hacia la luz cuando el calor aumentaba. 

¿Por qué es esto grave? La atracción a la luz no es un detalle menor; es fundamental para la orientación, la búsqueda de flores y el regreso seguro a la colmena. Si el calor “apaga” o retrasa este instinto, la eficiencia de las abejas para localizar alimento y polinizar cultivos disminuye drásticamente. Los investigadores advierten que este aletargamiento sensorial podría ser una señal de que el estrés térmico está interfiriendo en procesos neurológicos complejos, lo que afectaría también su comunicación y navegación. 

El estudio también destaca una ironía cruel del cambio climático: la urbanización y el efecto de “isla de calor” en las ciudades podrían estar amplificando este problema, creando trampas mortales para estos insectos. La Dra. Scarlett Howard, líder del proyecto, subraya que entender estas diferencias es vital, ya que si la abeja melífera falla, la producción agrícola global podría sufrir un golpe devastador. 

La resiliencia mostrada por las abejas nativas ofrece una pequeña luz de esperanza y una ruta para nuevas estrategias de conservación. Sin embargo, el mensaje central es inequívoco: si la temperatura sigue subiendo, no solo perderemos hielo en el Ártico, sino también a los pequeños trabajadores que sostienen nuestra agricultura.  

Adaptar las políticas públicas y proteger los hábitats naturales ya no es una opción, sino una necesidad urgente para evitar un colapso silencioso en nuestras colmenas. 

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