Redacción: Ana Ruiz
La IA no solo como una herramienta de transformación, sino también funciona como catalizadora del cambio sustentable, teniendo como objetivo ayudar a minimizar el impacto ambiental

La inteligencia artificial (IA) ambiental en México está emergiendo como una herramienta crítica para el monitoreo, la gestión de recursos naturales y la mitigación del cambio climático, impulsada por la necesidad de resolver desafíos complejos en agricultura, conservación de la biodiversidad y gestión hídrica. Se enfoca en el uso de aprendizaje automático, visión por computadora y análisis de grandes volúmenes de datos para la toma de decisiones sostenibles.
La inteligencia artificial (IA) ha irrumpido como una fuerza transformadora que redefine la economía, la ciencia y la sociedad. Desde la optimización de redes energéticas hasta la mejora de los diagnósticos médicos, sus aplicaciones crecen a un ritmo vertiginoso. Sin embargo, este progreso tiene un coste que ya no podemos ignorar: la huella energética y de carbono de los sistemas de IA.
¿Sabías que cada que hacemos una consulta a ChatGPT, consumes alrededor de 0,3 vatios-hora de electricidad?
Puede parecer poco, pero equivale aproximadamente a mantener encendida una bombilla LED durante un par de minutos o a tostar medio pan de molde. Si multiplicamos esa energía por los cientos de millones de consultas diarias que se realizan en todo el mundo, el resultado son megavatios de consumo diario y una huella de carbono que crece a la misma velocidad que la propia inteligencia artificial.
Muchos expertos advierten que primero es necesario lograr la equidad energética global y la neutralidad de carbono. La transición hacia una energía abundante y limpia es crucial para que los avances de la IA sean sostenibles a largo plazo. Ya que se prevé un futuro donde tanto la inteligencia como la energía sean baratas y abundantes, liberando un enorme potencial en la ciencia, la salud y la economía.
Con la IA ambiental, los especialistas pueden observar problemas ambientales, como optimizar redes eléctricas, mejorar la eficiencia energética en industrias, monitorear emisiones de metano o mapear desastres naturales. Alimentar centros de datos con fuentes de energía renovable (solar, eólica) y mejorar la refrigeración de los mismos, reduciendo el consumo de agua y energía.
Por último, la IA identifica tendencias y soluciones que fundamentan la creación de políticas y conducen a una mejor colaboración, lo que garantiza que los descubrimientos científicos se traduzcan en nuevas tecnologías y políticas útiles que generen un impacto en el medioambiente.
Por medio de una mayor innovación, implementación y colaboración, junto con el desarrollo de marcos éticos y de gobernanza sólidos que busquen minimizar el impacto ambiental de la IA, deben garantizar que la IA siga siendo imparcial y beneficie a todos, porque no hay dudas de que la IA tiene el potencial para abordar los desafíos ambientales de nuestra época y ayudar a encaminar al planeta hacia un futuro próspero y más sustentable.

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