Energías renovables Energías

El contraste entre la apuesta verde de China y la política fósil de Trump

Redacción: Michelle Velázquez Belmont 

China acelera su dominio en energías renovables frente a la nueva política de EE. UU. que prioriza los combustibles fósiles. El impacto en el mercado global.  

El contraste entre la apuesta verde de China
Screenshot

El panorama geopolítico y energético global ha dado un giro drástico tras el Foro Económico Mundial de Davos en enero de 2026. En este escenario, el presidente Donald Trump reavivó la polémica al desestimar la tecnología eólica y asegurando que China no utiliza estos recursos en su propio territorio. 

Sin embargo, los datos duros contradicen este discurso ya que China no solo es el mayor usuario de energías limpias, sino que ha consolidado un monopolio industrial que amenaza con dejar a Estados Unidos en la irrelevancia tecnológica. Lejos de la narrativa de la administración estadounidense, China cerró el año 2025 con récords históricos en capacidad solar y eólica. 

La escala de esta expansión es difícil de procesar ya que mientras Estados Unidos instaló poco más de 20 GW de energía renovable, el gigante asiático superó los 300 GW. Actualmente, China controla el 80% de la producción de paneles solares, el 60% de las turbinas eólicas y tres cuartas partes del mercado global de baterías y vehículos eléctricos. 

Esta ventaja no es solo una cuestión de ecología, sino de competitividad pura. Expertos como Li Shuo, del China Climate Hub, señalan que producir paneles solares en suelo estadounidense es hasta cinco veces más caro que en China. Además, en sectores críticos como el almacenamiento de energía, la brecha de conocimiento es tan profunda que se afirma que Estados Unidos, hoy por hoy, carece de la capacidad técnica para competir en la fabricación masiva de baterías. 

El contraste de estrategias es evidente. Por un lado, la administración Trump ha optado por el aislamiento científico y financiero, retirándose de 66 organismos internacionales y eliminando regulaciones ambientales para revitalizar el carbón y el gas natural, incluyendo megaproyectos en Ohio. Para analistas como David M. Hart, del Council on Foreign Relations, esto es una decisión “imprudente” que convierte a EE. UU. en una isla tecnológica anclada en el pasado. 

Por otro lado, China ha transformado la acción climática en un motor económico. Aunque siguen utilizando carbón para garantizar la estabilidad de su red, su enfoque es pragmático, no buscan liderar el discurso climático por altruismo, sino por dominio de mercado. Al abaratar la tecnología limpia, China no solo descarboniza su economía, sino que se vuelve el proveedor indispensable para el resto del mundo, que avanza hacia la electrificación a un ritmo que Washington parece ignorar. 

La gran preocupación de los especialistas es que Estados Unidos se convierta en una “isla de combustión” y con aranceles prohibitivos a los productos chinos y una apuesta por los combustibles fósiles, el país corre el riesgo de quedar fuera de las industrias de mayor crecimiento del siglo XXI. Mientras el mundo se electrifica en las próximas décadas, la industria automotriz y energética estadounidense podría quedar rezagada por una brecha de competitividad que ya se estima en más de diez años. 

Lo que antes se veía como una carga económica (la descarbonización) es hoy la principal fuente de fuerza industrial para China. Mientras tanto, Estados Unidos parece estar sacrificando su liderazgo futuro a cambio de un resurgimiento fósil de corto plazo que, según los expertos, tendrá un costo económico y estratégico incalculable. 

image 404

¿Te gustó nuestra nota? ¡Contáctanos y deja tu comentario! AQUÍ

Conoce nuestra red ANCOP Network AQUÍ

Facebook
X (Twitter)
YouTube
Instagram
Tiktok