Política Justicia y Gobernanza

El crecimiento que se cobra al medio ambiente

Redacción Marlone Serrano

México enfrenta una brecha crítica entre el costo del daño ambiental y la inversión para proteger el medio ambiente. En 2024, la degradación ecológica superó los 1.38 billones de pesos, mientras que el gasto ambiental fue mínimo, revelando que el crecimiento económico avanza con una profunda deuda ecológica. 

El crecimiento que se cobra al medio ambiente

México ya no solo enfrenta una crisis ambiental: también carga con una factura económica que supera, por mucho, los recursos destinados a contenerla. Durante 2024, los costos asociados a la degradación del medio ambiente ascendieron a más de 1.38 billones de pesos, mientras que la inversión en protección ambiental fue de apenas 232 mil 882 millones de pesos, de acuerdo con las Cuentas Económicas y Ecológicas de México (CEEM) publicadas por el INEGI

Las cifras exhiben una brecha profunda entre lo que el país pierde por contaminar, degradar y agotar sus recursos naturales, y lo que realmente invierte para prevenir, mitigar o revertir esos daños. Aunque el Estado ya cuantifica el impacto ecológico, la factura no siempre se traduce en responsabilidades claras para quienes lo generan. 

Aire, suelo y residuos: los principales focos de deterioro 

El mayor peso económico de la degradación ambiental en 2024 se concentró en las emisiones contaminantes al aire, seguidas por la degradación del suelo. En tercer sitio se ubicaron los residuos sólidos urbanos, y posteriormente las aguas residuales no tratadas, lo que refleja la persistencia de problemas estructurales en materia de gestión ambiental y servicios públicos. 

En cuanto al agotamiento de recursos naturales, el mayor impacto económico se registró en los hidrocarburos, seguidos por los recursos forestales y el agua subterránea, tres activos estratégicos para el desarrollo del país que continúan bajo fuerte presión. 

Inversión ambiental: limitada frente al tamaño del problema 

Del total destinado a la protección del medio ambiente, 32.2% se canalizó a la protección del aire, el ambiente y el clima. La gestión de recursos hídricos absorbió 20.8%, mientras que el tratamiento de aguas residuales recibió 11%y la gestión de residuos10.3%

También se destinaron recursos a investigación y desarrollo ambiental (5.5%) y a la gestión de recursos minerales y energéticos (4.1%), además de otros servicios de protección ambiental y conservación de la biodiversidad. Sin embargo, el monto total quedó muy por debajo del costo real del deterioro. 

Crecer con deuda ambiental 

El informe del INEGI muestra que en 2024 el Producto Interno Neto Ecológico (PINE) fue de 25.7 billones de pesos, equivalente a 76.6% del PIB a precios de mercado. Este indicador descuenta del crecimiento económico el daño ambiental y el agotamiento de los recursos naturales, y ofrece una radiografía más precisa del verdadero rendimiento de la economía. 

El dato confirma que una parte significativa del crecimiento se sostiene a costa del entorno. En términos prácticos, México crece, pero lo hace acumulando una deuda ambiental que no se refleja plenamente en las cuentas tradicionales, y cuya factura, tarde o temprano, termina trasladándose a la salud pública, la infraestructura, la productividad y la calidad de vida. 

Las cifras del INEGI dejan una pregunta abierta: si ya se sabe cuánto cuesta degradar el medio ambiente, ¿cuándo se traducirá ese conocimiento en políticas, inversiones y responsabilidades acordes con la magnitud del problema? 

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