Redacción Carlos Villa
Si bien siempre se encabezan los esfuerzos para mitigar los embates de El Niño en cuanto a su impacto climatológico, las afectaciones que genera en el cultivo diario de productos podrían traer escasez y problemas alimentarios a largo plazo.

Al abordar las nuevas problemáticas ambientales que persistirán en nuestro país y en el mundo hay que tener presentes numerosos fenómenos que afectan al entorno entero en cuanto a latitud, altitud, océanos, contaminación, saqueo desenfrenado de recursos, gobiernos que descuidan los ecosistemas para priorizar otros objetivos políticos y económicos de por medio entre muchos otros factores.
Pero la realidad es que la nueva realidad climática ha rebasado a la humanidad por completo, vemos sus efectos en más de una ocasión de nuestro día a día, cuando seguimos en invierno y las temperaturas son extremas, en el momento de salir al aire libre y notar que nuestro respirar no es del todo limpio o cuando las contingencias ambientales nos orillan a dejar de usar nuestros automóviles.
Sin embargo, uno de los efectos a los que no se le presta en las grandes urbes la atención debida por no estar próximos a recibir sus embates es cuando los océanos están peligro por factores ambientales anómalos, como es el momento en el que El Niño o La Niña llegan a distintos litorales y en consecuencia, van afectando sucesivamente las actividades económicas.
El Niño ocurre de dos a cada siete años, cuando en una parte del Océano Pacífico tropical sus aguas se calientan más de lo habitual, generando alteración en la presion atmosférica y también en el cambio de dirección de sus vientos, es decir, la atmósfera se calienta con mayor rapidez con la que usualmente lo haría, desestabilizando por completo la dinámica natural.
La presencia de Un Niño trae consigo numerosos efectos desfavorables, como el cambio en los patrones orográficos de circulación en esta región del Pacífico, lluvias torrenciales en el este norteamericano y también mayores precipitaciones para América del Sur.
Los cambios en los fenómenos hidrometeorológicos se observan y son palpables a simple vista, cuando interactuamos de primera mano con ellos, pero ocurren también efectos adversos invisibles que a veces pasan desapercibidos como el impacto a las actividades económicas primarias: agricultura, ganadería o pesca.
Aun manteniéndonos en el estudio hidrometeorológico de las afectaciones del fenómeno en los climas de Latinoamérica, podemos encontrar una serie de extremas y descontroladas precipitaciones en partes del continente como Colombia, Venezuela, este de Perú, Bolivia y en general el norte suramericano.
En el caso de la industria pesquera, los productores resienten sus embates cuando las aguas cálidas en las costas latinoamericanas alejan a los peces que viven en un ecosistema de aguas frías, generando así que el volumen de pesca disminuya considerablemente y no exista pescado para comercializarlo o simplemente alimentarse de él.
Enfocándonos completamente en los productos que deben ser cosechados al día, según la especialidad de cada país es el alimento afectado. En el caso de Colombia, se alcanza a apreciar una notable escasez de coliflor, cilantro, apio y acelgas.
Si hablamos sobre el Perú, al pronosticarse lluvias por debajo del promedio se apreciaría la ausencia de pancoger (nativo de la región), cebolla, maíz, chile y papa.
Pero en el punto medular donde se sitúa Ecuador, habría disminuciones en la producción de los ciclos agrícolas de maíz y arroz. Es primordial focalizar la atención en la alteración de las producciones agricultoras del continente pues al escasearse los productos del diario, aumentan también en su demanda, haciéndolos menos accesibles para todas las personas generando desigualdad en la ya desequilibrada esfera social.
Tanto los efectos en el clima de cada país como sus secuelas en actividades primarias provocan una variación en nuestras actividades cotidianas, y si no se voltea a ver lo que origina al fenómeno desde la raÍz, será cada vez más complicado implementar acciones para aminorar su paso ante la inminente nueva realidad climática.

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