Redacción: Guicel Garrido
Tras un 2025 de transición, el próximo año marcará un punto de inflexión gracias a la consolidación de las Zonas de Bajas Emisiones, la madurez de la Inteligencia Artificial y una apuesta definitiva por el ferrocarril.
El cierre de 2025 ha dejado algo claro: la forma en que nos desplazamos por las ciudades ha cambiado estructuralmente. Lo que hace apenas unos años eran proyectos piloto o promesas de sostenibilidad, se prepara para alcanzar su madurez operativa en 2026. Según el reciente análisis de la consultora especializada Cinesi, el próximo año no será solo una etapa de continuidad, sino un verdadero punto de inflexión donde la regulación, la tecnología y la transición energética convergerán para redibujar el mapa de la movilidad.
El fin de la cortesía en las ZBE
Uno de los cambios más tangibles para el ciudadano será la consolidación de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE). Tras un periodo de adaptación, 2026 verá la activación plena de los regímenes sancionadores. Gracias a la nueva Ley de Movilidad Sostenible, los ayuntamientos contarán con herramientas más robustas de control y vigilancia. Este endurecimiento no es arbitrario; responde a una presión climática que exige modelos urbanos más limpios y eficientes. Incluso en destinos turísticos clave, como las Islas Baleares, se prevén restricciones pioneras al flujo de vehículos de alquiler para preservar el equilibrio territorial.
La era del “mantenimiento predictivo”
La tecnología dejará de ser un accesorio para convertirse en el cerebro del sistema. La integración de la Inteligencia Artificial (IA) y los Gemelos Digitales permitirá a los operadores de transporte público simular escenarios complejos antes de que ocurran.
“La digitalización dará un salto cualitativo, permitiendo anticipar incidencias y optimizar rutas en tiempo real”, señalan los expertos.
Este avance se traduce en el “mantenimiento predictivo”: la capacidad de reparar un autobús o un tren antes de que sufra una avería, mejorando drásticamente la fiabilidad del servicio y la experiencia del usuario.
Ferrocarril y electrificación: los nuevos protagonistas
En el ámbito de la larga distancia, el ferrocarril sigue ganando la batalla al avión en trayectos cortos. El impulso al Corredor Mediterráneo y la expansión de las autopistas ferroviarias prometen aliviar la congestión de las carreteras, trasladando el transporte de mercancías hacia modos mucho menos contaminantes.
Paralelamente, la electrificación romperá la barrera del vehículo privado. El foco de inversión para 2026 se desplaza hacia las flotas municipales y autobuses urbanos, acompañados de un despliegue masivo de infraestructura de recarga en áreas metropolitanas.
El reto de la sostenibilidad económica
No todo serán avances técnicos; el bolsillo del usuario también verá cambios. La necesidad de equilibrar la viabilidad financiera de los sistemas de transporte con la alta demanda obligará a las administraciones a revisar las políticas tarifarias. Se espera un año de ajustes en abonos y descuentos, buscando modelos de precio más flexibles y digitales que aseguren que el transporte público sea sostenible no solo ambientalmente, sino también económicamente.
En definitiva, el 2026 se perfila como el año en que la movilidad dejará de hablar de “futuro” para gestionar un presente más conectado, eléctrico y, sobre todo, estrictamente regulado.














