Redacción: Michelle Velázquez Belmont
El greenwashing utiliza el marketing engañoso para simular sostenibilidad. Tácticas comunes, el impacto ambiental y cómo verificar acciones reales.

El greenwashing es una práctica cada vez más extendida con la que algunas compañías hacen creer a los consumidores que ellos o sus productos son sostenibles a través de afirmaciones engañosas o inciertas. Es importante que los usuarios conscientes sepan detectar esta praxis, ya que la transición ecológica real solo se conseguirá con entidades realmente comprometidas con el cuidado del medio ambiente, las renovables y la electrificación y descarbonización de la economía.
Esto requiere hechos y medidas concretas, cuantificables y en un plazo de tiempo determinado. De forma sencilla y clara, podemos definir el término greenwashing (‘’lavado de imagen verde” en español) como una estrategia de mercado que utilizan algunas empresas para aparentar ser más respetuosas con el medio ambiente de lo que en realidad son. Se trata de una práctica de marketing engañosa a la que estas entidades recurren en sus comunicaciones para tratar de limpiar su actividad y mejorar su reputación, aprovechando la creciente conciencia ambiental de los consumidores.
Cada vez más a menudo oímos hablar de casos de greenwashing, también llamado hoy “ecopostureo”, y lo más preocupante es que los sufrimos como usuarios, afectando nuestra toma de decisiones sin darnos cuenta. Por eso es vital conocer bien el concepto. Desde Iberdrola apostamos por una gestión socialmente responsable, donde la transparencia y la honestidad son fundamentales.
Esta claridad es crítica en áreas como la acción climática, el respeto a la biodiversidad o el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ejes de nuestro trabajo por la transición energética.
Es una combinación de las palabras inglesas green (verde) y washing (lavar), haciendo referencia a un disfraz de acciones no sostenibles bajo una fachada ecológica.La desinformación se ejerce de distintas formas: promocionando productos como “ecofriendly” sin pruebas, desviando la atención hacia una parte residual del negocio que no representa la actividad total, o usando afirmaciones beneficiosas sin citar fuentes.
También es común el uso de adjetivos inspiradores en eslóganes mientras la información real se oculta en la letra pequeña, o destacar datos positivos pero irrelevantes para la sostenibilidad global del producto. Para detectar el greenwashing, debemos buscar consistencia en el mensaje.
Si un producto se dice “ecológico”, conviene observar si el resto de las prácticas de la empresa guardan coherencia. También hay que vigilar las vaguedades; palabras vacías sin respaldo tangible son señales de alerta. Un factor clave son las certificaciones de terceros.
Al leer términos como “reciclado” o “bio”, debemos exigir sellos de aprobación confiables que garanticen que no son adjetivos gratuitos. Finalmente, es útil revisar las políticas de sostenibilidad públicas y los informes anuales de las compañías para verificar si sus compromisos publicitarios coinciden con sus acciones reales. Solo a través de la exigencia de transparencia lograremos que el mercado se mueva hacia una responsabilidad ambiental genuina y medible.

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