Justicia y Gobernanza

Infraestructura vs medio ambiente: el dilema de la calzada flotante en Tlalpan  

Redacción: Ximena Zarahi Moreno Luna 

La construcción de la calzada flotante en Calzada de Tlalpan abre debate ambiental rumbo al Mundial 2026. 

Tlalpan 2

La construcción de la calzada flotante sobre Calzada de Tlalpan, uno de los proyectos urbanos más visibles rumbo al Mundial de Futbol 2026, ha generado cuestionamientos ambientales tras el retiro de entre 100 y 120 árboles en la zona. De acuerdo con la Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México (Sobse), no se trató de talas, sino de trasplantes realizados a distintos puntos de la misma vialidad, bajo un esquema de seguimiento ambiental que aún se encuentra en proceso de evaluación. 

La polémica surgió el pasado 6 de enero, que al menos cinco árboles habrían sido talados durante la ejecución de la obra, sin que existiera información pública que confirmara que dichas acciones estuvieran contempladas en la planeación original del proyecto. La nota encendió el debate público sobre la transparencia ambiental de las obras de gran escala que actualmente se desarrollan en la capital. 

Ante estas versiones, el titular de la Sobse, Raúl Basulto, negó de manera categórica que se haya incurrido en talas ilegales o en desacato a la normativa ambiental. Según explicó, todos los ejemplares retirados fueron trasplantados y registrados, y ninguno ha sido cortado hasta el momento. Cada árbol cuenta con un código de identificación y un listón que permite conocer su ubicación original y el punto al que fue reubicado, además de recibir un tratamiento especial para facilitar su adaptación al nuevo entorno. 

Basulto señaló que la falta de documentación ambiental disponible al inicio de la obra se debe a la aplicación de una figura administrativa relativamente reciente denominada “Aviso de adhesión al acuerdo para el cumplimiento ambiental estratégico”. Este mecanismo permite a la Sobse iniciar proyectos de infraestructura antes de contar con todos los dictámenes ambientales concluidos, siempre y cuando estos se integren y desarrollen de manera paralela conforme avanza la obra. 

De acuerdo con el funcionario, esta figura busca agilizar los tiempos de ejecución sin dejar de cumplir con la ley. “La diferencia entre lo que pasaba anteriormente y lo que ocurre ahora es que podemos iniciar los trabajos y, a lo largo del proceso, se desarrolla el estudio ambiental y la Secretaría del Medio Ambiente emite el dictamen correspondiente”, explicó. Añadió que todas las obras de la Sobse están inscritas ante la Sedema y que existe acompañamiento permanente durante cada etapa del proyecto. 

Será en febrero cuando la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México determine cuántos árboles sobrevivieron al trasplante y cuántos no lograron adaptarse. Esta evaluación será clave para conocer el impacto real de la obra sobre el arbolado urbano y para definir posibles medidas de compensación ambiental, en caso de ser necesarias. 

La calzada flotante forma parte de un plan integral de remodelación del corredor que conecta el Centro Histórico con Tlalpan, una de las rutas estratégicas de movilidad de cara a la Copa del Mundo 2026. La estructura pasará por encima de las estaciones San Antonio Abad y Chabacano de la Línea 2 del Metro, e iniciará en la Plaza Tlaxcoaque, con el objetivo de mejorar la conectividad peatonal y urbana. 

No obstante, organizaciones civiles y especialistas en urbanismo han señalado que este tipo de proyectos deben ir acompañados de una comunicación más clara y accesible en materia ambiental, especialmente cuando implican la intervención de áreas verdes consolidadas. La discusión no solo gira en torno a si hubo o no talas, sino a la necesidad de fortalecer los mecanismos de información pública y participación ciudadana. 

El caso de Calzada de Tlalpan pone sobre la mesa un debate recurrente en la Ciudad de México: cómo equilibrar la modernización de la infraestructura urbana con la protección del medio ambiente. En una metrópoli que enfrenta retos severos de calidad del aire, pérdida de áreas verdes y estrés climático, cada árbol cuenta, tanto en términos ecológicos como simbólicos. 

Mientras se espera el dictamen definitivo de la Sedema, la calzada flotante continúa avanzando como una de las obras emblemáticas del sexenio local. El resultado de la evaluación ambiental será determinante no solo para este proyecto, sino para sentar precedentes sobre cómo se gestionan y supervisan las intervenciones urbanas de gran escala en la capital del país. 

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