Redacción: Michelle Velazquez Belmont
El uso de nanomateriales permite eliminar contaminantes del agua que los métodos tradicionales no logran filtrar. Una solución clave ante la escasez hídrica global.

En un mundo donde la escasez hídrica ha dejado de ser una amenaza lejana para convertirse en una realidad cotidiana, la ciencia está mirando hacia lo más pequeño para resolver uno de nuestros problemas más grandes, la falta de agua potable. Gracias a la nanociencia, (disciplina que manipula la materia a una escala casi imperceptible), se ha convertido en la gran esperanza para garantizar que el agua potable llegue a todos los rincones del planeta de manera eficiente y sostenible.
Durante los años el potabilizar agua ha sido un proceso costoso y, en muchos casos no se lleva a cabo de la forma correcta dejándolo incompleto provocando riesgos en la salud de sus consumidores, estos métodos convencionales suelen requerir grandes infraestructuras, el uso intensivo de químicos y un consumo energético que muchos países en vías de desarrollo no pueden costear.
Es aquí donde entran en juego los nanomateriales, partículas tan diminutas que se miden en millonésimas de milímetro, pero con una capacidad de acción que supera por mucho a los inseguros filtros tradicionales generando grandes ventajas ya que al trabajar con estructuras como los ‘’nanotubos de carbono’’ o las ‘’nanofibras’’, la ciencia ha logrado crear membranas con poros tan finos que pueden bloquear no solo sedimentos visibles, sino bacterias, virus y metales pesados que antes eran imposibles de filtrar sin procesos químicos complejos.
A diferencia de los filtros de arena o carbón activado, las membranas nanométricas pueden diseñarse para repeler sustancias específicas, permitiendo el paso del agua mientras atrapan arsénico, plomo o incluso restos de fármacos que las plantas de tratamiento actuales no logran eliminar del todo.
Convertir el agua de mar en agua potable es un proceso que consume niveles exorbitantes de electricidad, aunque el uso de materiales como el grafeno está permitiendo crear filtros de un solo átomo de espesor (estos son tan resistentes y eficientes que permiten que el agua pase con una resistencia mínima) reduciendo drásticamente la energía necesaria para separar la sal del agua
Lo que hace que esta tecnología sea realmente disruptiva no es solo su potencia, sino su versatilidad, permite crear dispositivos portátiles y económicos que no dependen de una gran red eléctrica por lo que comunidades aisladas podrían contar con sistemas de purificación propios, capaces de limpiar agua de pozos o ríos contaminados en cuestión de segundos.
Aunque como toda revolución tecnológica, la integración de la nanociencia en el ciclo del agua plantea interrogantes sobre su impacto a largo plazo mucha de la comunidad científica insiste en que el desarrollo de estos materiales debe ir de la mano con estudios de bioseguridad para asegurar que las nanopartículas no se filtren al medio ambiente.

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