
Redacción: Daniela Paredes Rocha
Especialistas advierten que la calidad del aire se ve con criterios desvinculados que podrían no verse los riesgos reales para la salud. El debate pone en foco la necesidad de actualizar los estándares de medición y promover la protección de la población.
Lo último que se dijo sobre la calidad del aire en la Ciudad de México: especialistas y organizaciones ambientales mencionan que lo visto oficial del conocido como “aire sucio” se hará bajo un criterio vencido que no ve con precisión los peligros reales para la salud de la población. Esta situación ha intensificado el debate sobre la opción de actualizar los parámetros con los que se mide la contaminación atmosférica en la capital.
De acuerdo con especialistas en medio ambiente y salud pública, los parámetros actualmente usados para ver si el aire es “aceptable” o “malo” están apoyados en reglas que no han sido modificadas conforme a las recomendaciones más nuevas de organismos internacionales. Esto conlleva que, aun cuando los parámetros oficiales no registren niveles fuertes, la exposición continua a contaminantes puede estar representando un peligro para grupos de riesgo como niñas, niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias.
El Sistema Integral de Monitoreo Ambiental (SIMA) es el que se encarga de medir contaminantes como ozono, partículas PM10 y PM2.5, dióxido de nitrógeno y monóxido de carbono. Sin embargo, ambientalistas sostienen que los topes establecidos para activar alertas o contingencias no siempre concuerdan con lo dicho para activar alertas o contingencias; no siempre hablan con los niveles dichos por organizaciones internacionales, lo que podría atenuar la apreciación del problema entre la población.
Esta divergencia cobra notoriedad en temporada de alta contaminación, cuando la calidad del aire se degrada por elementos como la densidad vehicular, los escenarios meteorológicos y las descargas industriales. En estos lugares, las autoridades dan reportes que, aunque cumplen con la normativa vigente, podrían no verse el impacto acumulado en la salud pública.
Ante este panorama, especialistas han abogado por la prioridad de actualizar los criterios de medición y fortalecer las políticas ambientales. Igual enfatizan la importancia de comunicar de manera precisa los riesgos asociados a la contaminación, más allá de los colores o categorías oficiales del índice de calidad del aire.
Por su parte, las autoridades ambientales han dicho que el seguimiento es constante y que las decisiones se toman con base en la normatividad vigente. No obstante, aceptan que el debate sobre la renovación de parámetros es necesario para ayudar a la protección de la salud y el medio ambiente.
Mientras tanto, expertos sugieren a la población seguir informada, evitar actividades al aire libre durante episodios de mala calidad del aire y asumir medidas que ayuden a disminuir la contaminación. El caso del “aire sucio” analizado con un parámetro obsoleto, pone sobre la mesa la necesidad de ver cómo se mide, comunica y enfrenta uno de los principales retos ambientales de la capital.
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