Redacción: Daniel Noriega
Reporte sobre la proliferación de basureros clandestinos en CDMX y sus riesgos para la salud y el agua. Conoce las alcaldías afectadas y las sanciones de la Ley de Cultura Cívica.

La Ciudad de México enfrenta una batalla silenciosa pero peligrosa contra la contaminación urbana. A pesar de los esfuerzos normativos, un reciente diagnóstico ha revelado una realidad preocupante: la proliferación desmedida de tiraderos ilegales que amenazan no solo la imagen de la metrópoli, sino la salud directa de sus habitantes y la seguridad de sus suelos y recursos hídricos.
La situación es crítica y visible en arterias principales como la Avenida Cuitláhuac, en la colonia Héroe de Nacozari (Gustavo A. Madero), donde las esquinas se han convertido en vertederos improvisados. Sin embargo, esto es solo la punta del iceberg. El reporte más reciente de la Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA), emitido en diciembre de 2025, confirma la detección de una cifra alarmante de basureros clandestinos, superando los mil puntos activos distribuidos por toda la entidad.
Las consecuencias de esta mala disposición de residuos van mucho más allá del mal olor o el aspecto visual. Expertos y autoridades advierten que estos focos de infección sin manejo adecuado están generando graves daños ambientales: contaminan el suelo, degradan la calidad del aire que respiramos y, lo más preocupante, filtran lixiviados tóxicos hacia las aguas subterráneas, comprometiendo las reservas vitales de la ciudad. Además, estos residuos son los principales culpables de la obstrucción de drenajes y coladeras, exacerbando las inundaciones severas en temporadas de lluvia.
El informe señala que esta problemática no es uniforme, sino que se concentra peligrosamente en cuatro alcaldías específicas: Cuauhtémoc, Iztapalapa, Miguel Hidalgo y Álvaro Obregón. En estas demarcaciones, la ciudadanía parece hacer caso omiso incluso a las lonas oficiales que prohíben explícitamente tirar basura bajo amenaza de consignación a las autoridades.
Ante la reincidencia, es vital recordar que la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México no está de adorno. Las autoridades han reiterado que instalar un basurero clandestino o arrojar desechos en la vía pública conlleva multas económicas severas y, en casos graves, el arresto administrativo del infractor. A esto se suman las nuevas normas vigentes a partir de 2026, diseñadas para forzar una mejor separación de residuos desde el hogar y reducir la generación de basura.
A pesar de los discursos oficiales y las normativas impulsadas por el gobierno local, la falta de una cultura cívica real y de una vigilancia efectiva mantiene las calles sucias. Revertir este escenario dependerá de que la ciudadanía entienda que la basura en la calle regresa a sus hogares en forma de enfermedades e inundaciones.

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