Redacción: Amairany Ramírez
Por primera vez, la energía eólica y solar superan a los combustibles fósiles en la producción de electricidad de la Unión Europea, marcando un hito histórico en la transición hacia un modelo energético soberano, limpio y eficiente.

En el transcurso del año 2025, el sector de la energía en la Unión Europea alcanzó un punto de inflexión decisivo dentro de su transición hacia un sistema libre de emisiones contaminantes. Según el más reciente informe del centro de pensamiento Ember, la generación combinada de fuentes eólicas y solares superó a la de los combustibles fósiles, representando un 30% del mix eléctrico total frente al 29% de estos últimos. Este avance no es un hecho aislado, sino el resultado de una tendencia acelerada en el último lustro, durante el cual las renovables han ganado diez puntos porcentuales en su cuota de mercado, pasando del 19.7% en 2020 a superar el umbral del 30% actual.
La energía solar fotovoltaica se ha consolidado como el motor principal de este crecimiento sin precedentes, registrando un aumento superior al 20% por cuarto año consecutivo. Solo durante 2025, esta tecnología generó un récord de 369 TWh, una cifra que duplica la producción obtenida apenas cinco años atrás. En países como España, la apuesta por el sol y el viento ha permitido que estas fuentes cubran ya el 42% de la demanda eléctrica nacional, situando al país a la vanguardia europea junto a naciones como Hungría y Grecia, donde la fotovoltaica ya aporta más de una quinta parte de la electricidad.
A pesar del optimismo, los expertos advierten que el gran desafío de estas tecnologías es su intermitencia, ya que la producción depende de factores climáticos no constantes. Para solventar este obstáculo, la industria está apostando fuertemente por sistemas de almacenamiento. En 2025, las baterías de gran escala en la UE superaron los 10 GW de capacidad, duplicando las cifras de 2023. España se perfila como un actor clave en este ámbito, con una cartera de proyectos en niveles récord que busca dotar de gestionabilidad a su enorme capacidad renovable, permitiendo utilizar la energía capturada durante el día en las horas de mayor consumo nocturno.
Sin embargo, el camino hacia la descarbonización total enfrenta retos coyunturales. Durante el último año, condiciones meteorológicas inusuales provocaron una caída del 12% en la generación hidroeléctrica, lo que forzó un aumento temporal del 8% en el uso de gas para servicios de red. Este repunte elevó la factura de importación de gas de la UE hasta los 32.000 millones de euros, subrayando la vulnerabilidad que supone la dependencia de combustibles externos. Para mitigar este riesgo, la estrategia europea se centra ahora en la hibridación de parques eólicos y solares, una solución técnica que mejora la continuidad del suministro al aprovechar la complementariedad natural de ambos recursos.
El futuro de la red eléctrica europea se vislumbra digital y resiliente. La integración de inteligencia artificial y Big Data está revolucionando la operación de los sistemas híbridos, permitiendo predecir la generación con modelos meteorológicos avanzados y optimizar el mantenimiento preventivo de aerogeneradores y paneles. Con innovaciones como los paneles bifaciales y turbinas de mayor escala, la Unión Europea no solo busca cumplir con sus objetivos climáticos, sino también estabilizar los precios de la electricidad y protegerse contra posibles chantajes energéticos mediante el uso de recursos autóctonos y sostenibles.
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