Redacción: Samuel Giraldo
La IA está haciendo su trabajo revelando el impacto en el clima del planeta que provocan los icebergs, logrando una manera más sencilla de comprender el comportamiento de las masas de hielo.

El monitoreo de los icebergs ha representado durante décadas un desafío importante para la comunidad científica, especialmente en regiones extremas como la Antártida. Con el objetivo de comprender mejor el comportamiento de estas enormes masas de hielo, el British Antarctic Survey (BAS), organismo encargado de la investigación polar del Reino Unido, ha desarrollado una innovadora tecnología basada en inteligencia artificial capaz de identificar, nombrar y rastrear cada iceberg desde el momento en que se desprende hasta su eventual desaparición. Este avance marca un punto de inflexión en el estudio del hielo marino, al permitir un seguimiento continuo y detallado que antes resultaba prácticamente imposible.
Hasta ahora, los investigadores enfrentaban grandes dificultades para seguir el recorrido de los icebergs una vez que se fragmentaban en miles de pedazos y comenzaban a derretirse. Este proceso no solo complica su observación, sino que también genera impactos relevantes en la navegación marítima, las corrientes oceánicas y los ecosistemas marinos. La fragmentación dispersa los restos de hielo a lo largo de grandes distancias, lo que hacía que el rastreo manual mediante imágenes satélites fuera lento, impreciso y altamente demandante en términos de tiempo y recursos humanos. Frente a este panorama, la automatización mediante inteligencia artificial se presenta como una solución clave.
La nueva herramienta desarrollada por el BAS utiliza imágenes satelitales para reconocer la forma única de cada iceberg en el momento en que se separa de una plataforma de hielo, fenómeno conocido como desprendimiento. A partir de ahí, el sistema es capaz de identificar cada fragmento posterior y relacionarlo con su iceberg original, resolviendo un complejo rompecabezas visual. De esta manera, la inteligencia artificial reconstruye lo que los científicos describen como un árbol genealógico del iceberg, una representación inédita que permite entender cómo se fragmenta, hacia dónde se desplaza y cómo evoluciona a lo largo del tiempo.
Este método supone una mejora significativa frente a las técnicas tradicionales, que dependían en gran medida del análisis manual de imágenes satelitales. Probada inicialmente con observaciones en Groenlandia, la herramienta ya ha demostrado su capacidad para generar información vital que ayuda a mejorar los modelos climáticos y las predicciones sobre el futuro del planeta. Según Ben Evans, investigador del BAS, se ha pasado de seguir únicamente a unos pocos icebergs conocidos a reconstruir historias completas de cientos de ellos, lo que amplía enormemente el alcance del análisis científico.
Además de su valor para la investigación climática, esta tecnología podría adaptarse en el futuro para mejorar la seguridad de la navegación en zonas polares, donde la presencia de icebergs representa un riesgo constante para los barcos. Aunque el desprendimiento de icebergs es un proceso natural, los científicos advierten que su ritmo se ha acelerado en la Antártida, probablemente como consecuencia del cambio climático causado por la actividad humana. En este contexto, el uso de inteligencia artificial no solo aporta conocimiento, sino que se convierte en una herramienta esencial para anticipar y enfrentar los efectos de un planeta en transformación.

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