Clima y Crisis

La otra cara del cambio climático: el deterioro silencioso de la salud global

El cambio climático afecta la salud pública en el mundo, derivando en el aumento de enfermedades y eventos extremos de salud. 

Redacción:  Javier Escárcega  

La otra cara del cambio climático

El cambio climático no es solo un fenómeno ambiental es una crisis que está afectando directamente la salud pública a nivel global. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo considera una amenaza grave porque intensifica fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor, inundaciones, sequías y huracanes, los cuales tienen consecuencias devastadoras sobre la salud humana. Además, se prevé que entre 2030 y 2050 haya aproximadamente 250,000 muertes adicionales anuales debido a causas relacionadas con el cambio climático, como desnutrición, malaria, diarrea y estrés por calor. 

Los efectos del cambio climático llegan tanto de manera directa como indirecta. Las olas de calor extremo ya están asociadas con aumentos significativos en la mortalidad, especialmente entre personas mayores, niños y quienes padecen enfermedades crónicas. La exposición prolongada a altas temperaturas puede causar estrés térmico, golpes de calor y agravar condiciones cardiovasculares y respiratorias. Estos impactos se agravan cuando los servicios de salud y la infraestructura no están preparados para responder a emergencias climáticas. 

Un aspecto crítico es la forma en que el cambio climático altera la disponibilidad y calidad de recursos esenciales como agua potable y alimentos. Los patrones cambiantes de precipitación y las sequías prolongadas afectan directamente los sistemas alimentarios, reduciendo la calidad nutricional y la seguridad alimentaria. Esto, a su vez, influye en el riesgo de desnutrición y enfermedades gastrointestinales, que son especialmente peligrosas para niños y poblaciones vulnerables en países de ingresos bajos y medios. 

La calidad del aire también se ve comprometida por el calentamiento global. La contaminación atmosférica, agravada por incendios forestales y condiciones más secas y calientes, incrementa la prevalencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Estudios recientes muestran que el humo de incendios relacionados con el clima ya ha contribuido a miles de muertes en países como Estados Unidos, y se espera que el número aumente si continúan las tendencias actuales de calentamiento. 

Además, el cambio climático está influyendo en la propagación de enfermedades transmitidas por factores, como el dengue, la malaria y otras infecciones que dependen de la temperatura y los patrones de humedad para su proliferación. A medida que las temperaturas globales suben, los mosquitos y otros factores pueden establecerse en nuevas regiones, expandiendo el riesgo de brotes donde antes no existía. 

Los impactos del cambio climático también alcanzan la salud mental. Los eventos climáticos extremos, la pérdida de hogares, la inseguridad alimentaria y los desplazamientos forzados pueden desencadenar ansiedad, estrés postraumático y otros trastornos psicológicos. Este aspecto, aunque a menudo menos visible, representa una carga adicional para los sistemas de salud pública que ya enfrentan retos importantes. La respuesta de salud pública ante este fenómeno requiere estrategias integrales que combinen mitigación, adaptación y preparación. Esto incluye fortalecer los sistemas de salud para que sean resilientes frente a emergencias climáticas, invertir en infraestructura que pueda soportar fenómenos extremos y promover acciones que reduzcan emisiones de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, mejorar la eficiencia energética en hospitales o promover prácticas sostenibles puede no solo reducir la huella climática, sino también mejorar la calidad del aire y la salud de las comunidades. 

El cambio climático exacerba las desigualdades sociales y de salud existentes. Las poblaciones más pobres, con menor acceso a atención médica y recursos sanitarios, son quienes enfrentan los mayores riesgos. Sin acción global coordinada, los avances en salud pública logrados en las últimas décadas podrían retroceder, dejando a millones más vulnerables a enfermedades relacionadas con el clima. La acción climática, además de proteger el planeta, representa una oportunidad crucial para mejorar la salud global. 

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