Redacción Marlone Serrano
Estudio revela que los osos pueden adaptar su dieta al cambio climático, fortaleciendo la resiliencia de los ecosistemas mediante su “recableado trófico”.

Una investigación internacional liderada por el Centro Senckenberg de Alemania y la Estación Biológica de Doñana–CSIC en España reveló que los osos poseen una notable capacidad para adaptar su dieta frente al cambio climático y la disponibilidad de recursos. Este comportamiento flexible no solo redefine su papel ecológico, sino que también podría aumentar la resiliencia de los ecosistemas en un planeta cada vez más presionado por el calentamiento global.
El estudio analizó datos ecológicos actuales y fósiles de siete especies diferentes de osos, demostrando que estos grandes omnívoros pueden modificar profundamente su posición en la red trófica. Según el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), esta capacidad adaptativa permite que los osos cambien de consumidores de alto nivel a participantes de niveles tróficos más bajos cuando las condiciones lo requieren, un proceso que los científicos denominaron “recableado trófico” (trophic rewiring).
Una dieta moldeada por el clima
Los osos pardos son el mejor ejemplo de esta versatilidad alimentaria. Durante el verano y otoño consumen principalmente bayas y nueces, mientras que en primavera incorporan más carne. Esta elasticidad en la dieta explica su presencia en hábitats tan extremos como la tundra ártica y los bosques tropicales.
A diferencia de otros grandes carnívoros, los osos prefieren dietas bajas en proteínas y carecen de adaptaciones fisiológicas especializadas para el consumo de carne. Esa característica, señala el investigador Jörg Albrecht del centro SBik-F, los convierte en omnívoros particularmente diversos, capaces de ajustarse rápidamente a los cambios ambientales.
Los análisis de isótopos en huesos fósiles también aportan evidencia histórica. El equipo detectó que los osos pardos europeos redujeron su consumo de carne después de la última glaciación, hace unos 12 mil años, cuando el aumento de la vegetación permitió una transición progresiva hacia una dieta basada en plantas. Así lo explica el paleoecólogo Hervé Bocherens, del Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Paleoambiente.
Impulso a la estabilidad ecológica
La capacidad de los osos para cambiar de rol ecológico tiene efectos directos sobre el equilibrio de los ecosistemas. Su actividad influye simultáneamente en la dispersión de semillas, el control de poblaciones de presas, el reciclaje de nutrientes y el flujo de energía tanto en ecosistemas terrestres como en sistemas acuáticos.
Para la investigadora Nuria Selva, de la Estación Biológica de Doñana, la megafauna omnívora cumple un papel clave que ha sido históricamente subestimado. Los grandes carnívoros y omnívoros, afirma, son esenciales para sostener la estabilidad ecológica ante presiones globales como el cambio climático.
El estudio subraya un mensaje urgente para la conservación: proteger a especies capaces de ajustar su función ecológica no solo garantiza su supervivencia, sino también la salud y resiliencia de los ecosistemas en un mundo en transformación acelerada.
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