Redacción: Javier Escárcega
México colocó la restauración ambiental como un eje central de su política climática y de conservación, al establecer como prioridad proteger al menos 30 % de su territorio para el año 2030.

México busca transitar hacia una nueva etapa en su relación con la naturaleza, definida por la titular de la Semarnat como una “era de la restauración”. Este enfoque parte del reconocimiento de que la degradación ambiental ha alcanzado niveles críticos, por lo que ya no es suficiente conservar lo que aún existe en buen estado. La propuesta implica pasar de una conservación pasiva a acciones directas de recuperación de ecosistemas dañados. Bajo esta lógica, la restauración se convierte en una política pública estratégica y no solo en un complemento ambiental. El objetivo es revertir daños acumulados y fortalecer la resiliencia de los territorios. Todo ello se plantea como una tarea urgente y de largo plazo.
Durante su intervención en Davos, Suiza, Alicia Bárcena explicó que esta estrategia se sustenta en el marco científico de los llamados límites planetarios. Dicho enfoque advierte que la humanidad ya ha rebasado varios umbrales ambientales fundamentales, entre ellos el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el uso del suelo. Superar estos límites incrementa el riesgo de impactos irreversibles sobre los sistemas naturales. En este contexto, México reconoce que su política ambiental debe alinearse con la ciencia. La toma de decisiones señaló, debe considerar estos límites como una referencia obligada. De no hacerlo, el margen de maniobra frente a la crisis ambiental se reduciría drásticamente.
La restauración y conservación de ecosistemas, explicó la funcionaria, son herramientas clave para disminuir la presión que la actividad humana ejerce sobre el planeta. Mantener la estabilidad de los sistemas naturales es indispensable para garantizar bienestar social y desarrollo económico a largo plazo. Por ello, la política climática del país integra acciones ambientales con una visión de sustentabilidad integral. La conservación del territorio no se plantea como un obstáculo al crecimiento, sino como una condición para que este sea viable. Proteger ecosistemas también significa proteger fuentes de agua, alimentos y medios de vida. En ese sentido, la restauración adquiere un valor estratégico.
Uno de los ejes centrales de esta visión es el uso de soluciones basadas en la naturaleza. Entre ellas, la secretaria destacó la restauración de manglares y otros ecosistemas estratégicos. Estos sistemas naturales no solo albergan una alta biodiversidad, sino que también tienen una notable capacidad de captura y almacenamiento de carbono. Dicha capacidad puede integrarse a esquemas de compensación de emisiones, fortaleciendo los compromisos climáticos del país. Además, la recuperación de manglares contribuye a la protección costera y a la adaptación frente al cambio climático. Así, la restauración ofrece beneficios ambientales y sociales simultáneamente.
Bárcena reconoció que México aún no se encuentra en condiciones de eliminar por completo el uso de combustibles fósiles. Sin embargo, reiteró el compromiso de avanzar de manera gradual hacia un escenario de emisiones netas cero. Este camino combina la reducción progresiva de emisiones con mecanismos de compensación basados en la restauración ambiental. La estrategia plantea un equilibrio entre realismo económico y responsabilidad climática. De esta forma, el país busca cumplir sus compromisos internacionales sin perder de vista su contexto energético. La restauración ambiental se perfila, así como un pilar del futuro climático de México.
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