Redacción: Grecia Rodriguez
México enfrenta un reto decisivo en hidrógeno verde: inversión, subsidios y presión industrial. Una lectura esencial para comprender la estrategia energética nacional.

La industria del hidrógeno verde volvió a tocar la puerta del gobierno mexicano. Esta vez con una petición que nadie esperaba que fuera directa: subsidios. Una palabra que en México tiene la capacidad de generar indignación o alegría dependiendo de a quién se lo dan. H2México, la agrupación nuclear a los actores del sector, planteó que, sin motivación o apoyos financieros incluidos, el desarrollo del hidrógeno limpio en el país va a seguir avanzando al mismo ritmo que ya va, muy despacio. Israel Hurtado, su presidente, fue claro: dijo que se necesitan señales económicas para poder atraer capital.
El problema no es la petición como tal, sino el contexto en el que lo hacen. Mientras que México reflexiona, Estados Unidos ya lo ejecutó: créditos fiscales, política industrial y, como resultado, inversión. Europa hizo algo parecido con subastas y contratos a largo plazo, pero aquí es donde se cuestiona si el Estado debe meterse o no. No todas las peticiones de subsidios son iguales, porque hay una diferencia entre pedir dinero para sostener una industria que no da frutos indefinidamente y pedir una ayuda para que la tecnología alcance escala y bajen sus costos. El hidrógeno verde está en la segunda categoría por ahora; el problema no es que sea una mala idea, sino que todavía compite contra energéticos más baratos y maduros, por lo que terminar con esto requiere mucho tiempo, infraestructura y apoyo público.
En octubre de 2024, H2México publicó una Estrategia Industrial de Hidrógeno Limpio que ahora sí fue algo concreto; tenían infraestructura, instituciones, reglas y zonas del país. Esto era lo que antes les hacía falta, porque el hidrógeno verde no es energía para todo ni para todos al mismo tiempo. Por lo que tiene sentido que primero sea en industria pesada, química, fertilizantes, acero, transporte de carga y lugares específicos con mucha demanda.
Sobre si el Estado debe subsidiar esto, depende de qué tipo de subsidio es, a cambio de qué y con qué controles se hará. No es lo mismo una garantía de demanda que un cheque en blanco. Y esto es lo que se debería de estar dando a conocer, no solo que la industria pide apoyo porque lo hace ver un poco sospechoso. Lo que pasará ahora es que el gobierno tendrá que responder con lineamientos, programas piloto y con estrategias formales. Porque si no lo hacen, estos proyectos no pueden esperar y los harán en otros lugares donde sí tengan reglas. Y si pasa eso, volveremos a lo mismo de antes: dejar pasar la oportunidad y, en lugar de mejorar, empeorar.

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