Redacción: Astrid Sánchez
México actualiza su estrategia para proteger al jaguar, el felino más grande de América. La SEMARNAT y expertos se reunieron en Yucatán para implementar videovigilancia y frenar la caza furtiva en el sureste, con tecnología y nuevos protocolos se busca asegurar la supervivencia de los ejemplares que habitan el país.

En un esfuerzo decidido por blindar el futuro del felino más emblemático del continente americano, México ha dado un paso adelante en su estrategia d conservación. Esta semana la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) encabezó una reunión clave del Grupo de Conservación del Jaguar en el estado de Yucatán, epicentro del hábitat de esta especie.
El encuentro que reunió a especialistas, autoridades ambientales y organizaciones de la sociedad civil tuvo un objetivo urgente, el cual es actualizar los protocolos de defensa ante las amenazas cambiantes que enfrenta el jaguar. La conclusión fue clara, la vigilancia tradicional ya no es suficiente. Por ello, se delineó una nueva hoja de ruta que incorpora el fortalecimiento de la videovigilancia y el incremento de procesos de inspección en las zonas críticas donde se ha detectado mayor presión por actividades humanas ilícitas
La península de Yucatán y el sureste mexicano no son lugares aleatorios para esta cruzada, pues representan el último gran bastión para la supervivencia de la especie en el país. Según datos revelados durante la sesión, la región alberga aproximadamente al 50% de la población total de jaguares en México. Los estados de Quintana Roo, Campeche y Yucatán conforman un corredor biológico vital que conecta con las poblaciones de Chiapas y Oaxaca, especialmente en reservas de la biosfera como Calakmul y Sian Ka’an.
Entre los acuerdos más relevantes, destaca la estrategia de “cero tolerancias” a la cacería furtiva y el comercio ilegal de partes del animal, delitos que siguen reduciendo a la especie a pesar de estar protegida desde 1973. Además, se puso sobre la mesa la necesidad de fomentar la coexistencia, implementando programas de concientización en comunidades rurales para reducir el conflicto entre humanos y felinos, evitando que los ganaderos tomen represalias contra los depredadores.
Afortunadamente, el panorama ofrece un rayo de esperanza, pues los censos más recientes analizados en la reunión indican que la población de jaguares de México ha demostrado una ligera tendencia al alza, superando ya los 5,000 ejemplares. Este dato confirma que los esfuerzos de conservación de la última década están rindiendo frutos, transformando al jaguar de una especie en estado crítico a un símbolo de recuperación y responsabilidad compartida.
La actualización de estos protocolos se alinea con el Plan de Acción para la Conservación del Jaguar, un compromiso internacional firmado por 18 países latinoamericanos. Con estas nuevas medidas tecnológicas y de campo, México busca consolidar el escenario favorable, asegurando que las selvas del sureste sigan escuchando el rugido felino que, para la cultura maya, no es solo un animal, sino una deidad viva que protege el equilibrio de la naturaleza.

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