Clima y Crisis Cambio climático

ONU alerta sobre “bancarrota hídrica” global: el planeta entra en una fase de agotamiento irreversible del agua

Redacción Marlone Serrano

La ONU advierte que el planeta ha entrado en “bancarrota hídrica”, una fase de agotamiento irreversible del agua. Expertos alertan sobre el colapso de acuíferos y glaciares y llaman a transformar la gestión global del recurso para proteger la seguridad alimentaria y ambiental. 

ONU alerta sobre “bancarrota hídrica” global

Un nuevo informe respaldado por expertos de Naciones Unidas advierte que el planeta ha entrado en una etapa inédita de deterioro ambiental: la “bancarrota hídrica” global. El concepto, más severo que “estrés” o “crisis hídrica”, describe una situación de agotamiento crónico de acuíferos, glaciares, humedales y suelos, cuyas pérdidas ya no pueden revertirse en escalas humanas de tiempo. 

El documento, publicado recientemente en la revista científica Water Resources Management, sostiene que el lenguaje utilizado hasta ahora resulta insuficiente para reflejar la magnitud del problema. Mientras el “estrés” implica una presión aún reversible y la “crisis” alude a episodios agudos que pueden superarse, la bancarrota hídrica señala un déficit estructural: se extrae más agua de la que la naturaleza puede reponer, y se destruye capital hídrico que no puede reconstruirse. 

“No podemos reconstruir glaciares ni rellenar acuíferos a la velocidad a la que los estamos perdiendo”, resume el informe. 

Una realidad global, no un fenómeno local 

Kaveh Madani, director del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH) y autor principal del estudio, subraya que esta declaración no busca sembrar desesperanza, sino exigir un cambio profundo en la manera de gestionar el agua. “Declararse en bancarrota no significa rendirse, sino aceptar la realidad para empezar de cero. Solo así se podrán tomar decisiones difíciles que protejan a las personas, las economías y los ecosistemas”, señala. 

Los expertos aclaran que la bancarrota hídrica no depende únicamente de si una región atraviesa sequías o inundaciones. Incluso territorios golpeados por lluvias extremas pueden encontrarse en bancarrota si, a largo plazo, las extracciones superan de forma sistemática la recarga natural. El problema, apuntan, es de equilibrio y sostenibilidad. 

Durante décadas, muchas sociedades no solo han sobreexplotado fuentes renovables como ríos y suelos, sino que también han vaciado sus reservas estratégicas: acuíferos, glaciares y humedales. Esta tendencia ha dado lugar al aumento de las llamadas “sequías antropogénicas”, provocadas directamente por la acción humana. 

Costos económicos y riesgos sistémicos 

El informe estima que estas sequías inducidas por el ser humano generan pérdidas cercanas a los 307 mil millones de dólares anuales en todo el mundo, una cifra superior al producto interno bruto de la mayoría de los países miembros de la ONU. Más allá del impacto económico, los autores advierten que el agua se ha convertido en un factor de riesgo sistémico, capaz de detonar conflictos, migraciones y disrupciones en el comercio global. 

“La bancarrota hídrica no es una suma de crisis locales aisladas; es un riesgo compartido a escala planetaria”, advierte Madani. Las perturbaciones en una región, subraya, pueden propagarse rápidamente a otras a través de cadenas alimentarias, flujos migratorios o tensiones geopolíticas. 

Transformar la gestión del agua 

Ante este panorama, la ONU llama a revisar de fondo las prioridades gubernamentales. Entre las recomendaciones centrales se encuentran el reequilibrio de los derechos de uso del agua, la protección estricta de humedales y acuíferos, y la transformación de los sectores que más consumen el recurso, en especial la agricultura y la industria. 

El documento enfatiza la necesidad de modificar cultivos, reformar sistemas de riego y rediseñar modelos urbanos para reducir el consumo. También alerta sobre la urgencia de transiciones justas para las comunidades que dependen de prácticas intensivas en agua. “Millones de agricultores intentan producir más alimentos con fuentes cada vez más escasas y contaminadas. Sin un viraje rápido hacia una agricultura eficiente en el uso del agua, la escasez se extenderá de forma acelerada”, sostiene el autor. 

El agua como eje de cooperación 

Finalmente, los especialistas proponen colocar al agua en el centro de la agenda internacional, no solo como un sector afectado por el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, sino como un eje estratégico para enfrentarlos. Invertir en agua, subrayan, puede mitigar la desertificación, proteger ecosistemas y reducir tensiones sociales. 

En un contexto de debilitamiento del multilateralismo, el informe plantea que una transformación global de la gestión hídrica podría convertirse en un terreno común para reconstruir la cooperación internacional. 

La advertencia es clara: el planeta ya no enfrenta una crisis pasajera, sino una quiebra ambiental de largo plazo. Y postergar las decisiones, concluyen los expertos, solo ampliará un déficit que compromete la seguridad alimentaria, la estabilidad económica y el equilibrio ecológico del siglo XXI. 

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