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Producción industrial vs. salud pública: el conflicto ambiental que avanza en el sureste mexicano

Redacción: Michelle Velázquez Belmont 

Crisis en Yaxkukul: Granjas porcícolas contaminan cenotes y fallan en metas climáticas en Yucatán. Conoce el impacto ambiental y la falta de vigilancia oficial.  

Producción industrial

Aunque las grandes corporaciones de proteína animal en México reportan ingresos millonarios, su desempeño frente a la crisis climática sigue dejando mucho que desear. Un reciente análisis sobre empresas como Bachoco, Bafar y Grupo Kuo (Kekén) revela que, lejos de reducir su huella de carbono, sus emisiones contaminantes han mantenido una tendencia al alza en los últimos años, operando bajo regulaciones muy pobres y metas de sostenibilidad poco claras. 

El impacto más crítico se vive en el sureste mexicano, en Yucatán, las comunidades mayas como Yaxkukul han visto cómo su entorno se transforma debido a la instalación de mega granjas porcícolas. Testimonios locales denuncian que la expansión de estas naves industriales ha traído consigo contaminación de aguas subterráneas (vitales en una zona de cenotes), malos olores persistentes y problemas de salud pública como el asma en niños. 

Los datos de estas granjas, de acuerdo con registros del sector, las emisiones de Bachoco y Bafar han crecido de la mano con su producción. Por ejemplo, Bachoco aumentó sus emanaciones de CO2 equivalente de 313 mil toneladas en 2022 a más de 351 mil en 2024. Por su parte, Grupo Kuo ha visto cómo plataformas internacionales anulan sus compromisos de “cero emisiones” al no validar sus metas con estándares científicos rigurosos. 

Especialistas de la UNAM y organizaciones como Greenpeace señalan que el modelo de “ganadería intensiva” es demasiado insostenible bajo las condiciones actuales. En Yucatán, de las más de 500 granjas detectadas, la gran mayoría carece de autorizaciones ambientales completas, operando en un vacío legal que las autoridades federales y estatales no han logrado (o querido) regular. 

La deuda de las autoridades es grande, aunque México ha presentado compromisos internacionales para reducir las emisiones de metano y mejorar el tratamiento de residuos animales, la realidad en las granjas es distinta. La falta de vigilancia permite que los desechos orgánicos, cargados de hormonas y antibióticos, se filtren al subsuelo, especialmente en zonas de suelo kárstico donde el acuífero es altamente vulnerable. 

Mientras la industria se enfoca en producir carne “más rápido y más barato” para exportación, las comunidades afectadas y académicos exigen controles más estrictos, impuestos a la producción industrial y, sobre todo, que el costo ecológico de la carne deje de ser ignorado en las cuentas de las grandes corporaciones. 

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