Ximena Zarahi Moreno Luna
El Mercado del Trueque se consolida como una alternativa de educación ambiental y apoyo económico en la Ciudad de México. Cada mes, residuos reciclables se convierten en productos útiles y conciencia ecológica.

El Mercado del Trueque se ha convertido en una de las iniciativas más representativas de educación ambiental en la Ciudad de México, al ofrecer una alternativa práctica y accesible para el manejo responsable de residuos. Este ejercicio, que se realiza una vez al mes, consiste en intercambiar materiales reciclables por productos de la canasta básica, plantas u otros artículos de interés para la ciudadanía, fomentando al mismo tiempo la reducción de desechos y la economía familiar.
La dinámica es sencilla, pero su impacto es significativo. Papel, cartón, vidrio, latas de aluminio, envases de PET e incluso residuos electrónicos pueden convertirse en bienes de uso cotidiano. Para muchas familias, esta iniciativa cobra especial relevancia tras las fiestas decembrinas, una temporada en la que el consumo aumenta de forma considerable.
Patricio es uno de los participantes habituales. Después de reuniones, posadas y celebraciones de fin de año, logró reunir cerca de cinco kilos de cartón, vidrio y PET. Relata que basta con juntar a varias personas en una convivencia para que la cantidad de latas, botellas y empaques crezca rápidamente, haciendo viable acudir al Mercado del Trueque y obtener algo a cambio de residuos que, de otro modo, terminarían en la basura.
De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA), durante la temporada decembrina la producción de residuos en la capital aumenta alrededor de un 25 por ciento. Frente a este panorama, el Mercado del Trueque se presenta como una respuesta concreta a un problema cotidiano, al transformar la basura en un segundo “regalo” posterior a las celebraciones.
El objetivo principal del programa es promover la valorización de los residuos y reforzar la cultura del reciclaje. A través del intercambio, los materiales recolectados adquieren un valor tangible para las personas, lo que incentiva la separación adecuada desde el hogar y genera una reflexión sobre los hábitos de consumo.
Quienes participan pueden recibir productos básicos, botanas, plantas u otros artículos, dependiendo de la cantidad y el tipo de residuos entregados. Para muchos asistentes, el beneficio no solo es ambiental, sino también económico, ya que representa un pequeño alivio en el gasto familiar.
El Mercado del Trueque es itinerante y opera de 8:00 de la mañana a 1:00 de la tarde, cambiando de sede cada mes para facilitar el acceso a distintas zonas de la ciudad. Además de plásticos, aluminio y vidrio, también se reciben empaques de alimentos, electrónicos y, en temporadas específicas, incluso plantas de Nochebuena que ya no se utilizan tras las festividades.
La iniciativa ha mostrado un crecimiento sostenido. Según datos compartidos por organizadores, en sus inicios el Mercado del Trueque recibía entre 200 y 300 personas por jornada. El año pasado, la cifra de asistentes llegó hasta las 800 personas, reflejando un mayor interés ciudadano por participar en acciones ambientales concretas.
Este incremento no solo habla del éxito del programa, sino también de una mayor conciencia social sobre el destino de los residuos. Los participantes coinciden en que el ejercicio permite dimensionar cuánto se consume y cuánta basura se genera diariamente, así como la importancia de reducir, reutilizar y reciclar.
Desde la SEDEMA, se invita a la población a consultar el calendario mensual del Mercado del Trueque a través de sus redes sociales oficiales, donde se informan las fechas, sedes y tipos de residuos aceptados. La participación está abierta a todo público y no requiere registro previo.
Más allá del intercambio material, el Mercado del Trueque busca sembrar una cultura ambiental que impacte a largo plazo, especialmente en niñas y niños. La experiencia directa de cambiar residuos por productos útiles refuerza el aprendizaje y deja un mensaje claro sobre la responsabilidad individual en el cuidado del entorno.
En una ciudad que enfrenta retos constantes en materia de manejo de residuos, este programa se posiciona como un ejemplo de cómo pequeñas acciones colectivas pueden generar beneficios ambientales, sociales y económicos, recordando que cada desecho correctamente separado puede convertirse en una oportunidad.

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