Redacción Carlos Villa
Contribuir a restaurar lo que por nuestras actividades dañamos mediante técnicas orgánicas recopiladas de la naturaleza, como la microrremediación, ayudan a que los ecosistemas se revitalicen y vuelvan a funcionar según su ciclo habitual.

Lo dañados y contaminados que se encuentran los suelos a causa del uso excesivo de tierra, sustancias químicas nocivas que caen en la superficie por actividades humanas, uso intensivo de pesticidas en la agricultura, así como gestionar de manera inadecuada aguas residuales, desechos mineros o industriales trae consigo muchas secuelas negativas.
La superficie se encuentra dañada, infectada de agentes que le causan cierta infección. Por lo que combatir a la contaminación del suelo ha llevado a expertos a la creación de técnicas innovadoras y el aprovechamiento de la naturaleza misma aplicada en un contexto específico, por ejemplo, usar al reino fungí para limpiarlos.
La mico-remediación, o bien, restaurar los tejidos de los suelos con la ayuda de los hongos sanan de manera rápida y menos costosa las superficies cuando se les vierte encima petróleo, por mencionar a algún agente infeccioso, por lo que resulta un método bastante útil para evitar que reduzcan la fertilidad, ralenticen el crecimiento de plantas y las producciones agrícolas.
Por supuesto que al ser el reino fungí bastante extenso y lleno de múltiples clasificaciones taxonómicas, se deben hacer ciertas precisiones acerca de quiénes combaten específicamente a los agentes infecciosos. Se trata del género Trametes, familia que contiene especies que también son comúnmente llamados cola de pavo, repisa, rosetas o abanicos por su apariencia.
Esta familia también conocida como poilporos crecen en la madera, de textura algo leñosa y correosa que le imposibilita a cualquier humano consumirlo al menos de manera directa. Así, los trametes producen una especie de jugo o sustancia que fragmenta a los contaminantes presentes en el terreno de forma más pequeña.
De esta forma, el suelo puede ir sanando progresivamente. En contraste con la acción de las bacterias, estos hongos conforme van creciendo forman largas hebras denominadas micelios que se van extendiendo a las raíces internas de las plantas, favoreciendo indirectamente la interconexión entre microorganismos.
Los micelios son como la parte subterránea del hongo, su esencia verdadera y vegetativa que le permiten crecer, conectarse, desarrollarse y establecer contacto con el entorno a través de descomponer la materia alrededor y crear redes de interacción en los ecosistemas, en este caso, para abonar a que el suelo sane.
Existen diferentes formas de lograr que los hongos actúen como agentes de limpieza y combate a suelos infectados, una vía puede ser dotándoles de comida y aire, que la superficie cuente con nutrientes y oxígeno necesario. Otra opción es agregar más microbios, para que así se refuerce el sistema y eficacia del tratamiento, mientras que también podemos introducir plantas con raíces que absorben microbios y degradan los contaminantes.
Además de ser una innovación tecnológica, la mico-remediación es una estrategia auténticamente natural, sin la introducción de otros agentes artificiales que permitirán llenar de vida a superficies que quizá se daban por perdidas. Sin embargo, este proceso no garantiza que actúe igual en todos los terrenos, puede demorar más o que no absorba a todos los microorganismos.
De cualquier forma, resulta una estrategia efectiva, alternativa y útil cuando los terrenos comienzan a mostrarse infértiles o no en su funcionamiento habitual por alguna razón. Las formas en cómo revitalizamos entornos que por nuestra actividad afectamos es parte de asumir una responsabilidad compartida.

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