Redacción: Javier Escárcega
La posible llegada masiva de sargazo en Quintana Roo durante 2026 genera alerta entre especialistas de la UNAM, quienes advierten riesgos ambientales y efectos directos en la salud humana ante la falta de manejo adecuado del alga.

La posible intensificación del recale de sargazo en las costas de Quintana Roo durante 2026 ha encendido las alertas entre la comunidad científica y ambiental. Investigadoras de la Universidad Nacional Autónoma de México advierten que esta problemática va más allá de la afectación visual y turística de las playas. La acumulación masiva de esta macroalga implica procesos de descomposición que generan impactos severos en los ecosistemas costeros. Manglares, pastos marinos y diversas especies marinas resultan particularmente vulnerables. A ello se suma un factor cada vez más preocupante, el riesgo directo para la salud humana.
De acuerdo con la investigadora Rosa Elisa Rodríguez Martínez, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM en Puerto Morelos, el sargazo en degradación libera compuestos altamente tóxicos. Entre ellos destaca el ácido sulfhídrico, un gas que puede contaminar tanto el aire como el agua en zonas costeras. La exposición prolongada a estas emisiones puede provocar irritación en ojos y vías respiratorias, dolores de cabeza y otros padecimientos. Estas condiciones afectan tanto a residentes locales como a trabajadores y turistas. El problema adquiere así una dimensión de salud pública que exige atención inmediata.
Las investigaciones científicas han documentado que el impacto del sargazo no se limita a su acumulación en la orilla del mar. Durante su descomposición, se generan procesos de anoxia que deterioran la calidad del agua y provocan mortandad de fauna marina. Tortugas, peces y organismos bentónicos se ven afectados por la falta de oxígeno y la presencia de sustancias tóxicas. Además, la erosión costera se acelera cuando el sargazo se acumula de forma prolongada. Esto agrava la pérdida de arena y la degradación de las playas del Caribe Mexicano.
Existen principalmente dos especies de sargazo involucradas en estos eventos masivos: Sargassum natans y Sargassum fluitans. Ambas se caracterizan por poseer vesículas llenas de aire que les permiten mantenerse a flote durante largos recorridos oceánicos. Estas especies se originan tanto en el Mar de los Sargazos como en el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico. Su capacidad de desplazamiento facilita que grandes volúmenes lleguen a las costas de México. Por ello, se les identifica como las principales responsables de los arribos en el Caribe, el Golfo de México y el Atlántico.
Mientras la comunidad científica insiste en la urgencia de una estrategia integral, las autoridades estatales y municipales aún no han definido con claridad el destino final del sargazo recolectado. En varios municipios persiste la incertidumbre sobre la existencia de celdas de confinamiento adecuadas o infraestructura suficiente. La falta de información sobre medidas de protección ambiental genera preocupación por posibles filtraciones al subsuelo. Este vacío en la gestión incrementa el riesgo de contaminación de mantos freáticos. La ausencia de planes claros evidencia una desconexión entre la alerta científica y la acción institucional.
En algunos puntos, como Playa del Carmen, se han dado pasos para atender la problemática mediante centros de acopio autorizados por la Secretaría de Medio Ambiente del Estado. En estos espacios se separa la arena del alga y se permite su secado para posibles usos alternativos, tras detectarse tiraderos clandestinos. En Cancún, el sargazo es recolectado en playas públicas y entregado a la Zona Federal Marítimo Terrestre. Sin embargo, aún no se detallan las medidas de seguridad en las celdas emergentes anunciadas. Ante el escenario previsto para 2026, especialistas coinciden en que se requiere una política integral que priorice el ambiente y la salud de la población.

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