Redacción: Daniel Noriega
El impacto ambiental del turismo masivo en Tulum; deforestación, presión sobre Sian Ka’an y gentrificación amenazan la biodiversidad del Caribe mexicano.

Lo que inició como un modelo de conservación y turismo alternativo, hoy enfrenta una crisis de sostenibilidad sin precedentes. La acelerada urbanización de Tulum, impulsada por un mercado de lujo y eventos masivos, ha detonado alarmas entre ambientalistas y locales, quienes advierten sobre la devastación de ecosistemas clave y el desplazamiento de comunidades locales en uno de los últimos pulmones del Caribe.
La riqueza biocultural de Tulum enfrenta una de sus etapas más críticas. Lejos de la imagen de santuario natural que le dio fama mundial, el municipio se ha convertido en el escenario de una agresiva expansión inmobiliaria y turística que prioriza la rentabilidad inmediata sobre la integridad del territorio.
Investigaciones recientes señalan que la selva maya ha dejado de ser vista como un hábitat para alejarse del apresurado ritmo de la ciudad. La presión de la mancha urbana avanza peligrosamente hacia zonas de alta fragilidad, incluyendo los límites de la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an, Patrimonio de la Humanidad. Testimonios de habitantes locales con décadas en la región denuncian prácticas alarmantes, como incendios forestales en áreas protegidas que, años más tarde, resurgen “casualmente” convertidas en complejos hoteleros de lujo.
A pesar de que muchos desarrollos y festivales internacionales se promocionan bajo etiquetas de sostenibilidad, la realidad operativa cuenta otra historia. Eventos masivos que atraen a miles de turistas generan una huella ecológica significativa en una zona que carece de la infraestructura adecuada para gestionar tal volumen de residuos y demanda energética. Aunque organizadores de festivales afirman realizar acciones de mitigación y reciclaje, el modelo de turismo premium es intensivo en el uso de recursos y fomenta la exclusión territorial.
Este fenómeno ha derivado en una “gentrificación turística” que privatiza de lleno los accesos a las playas y encarece la vida local, desplazando a las comunidades mayas originarias y erosionando su patrimonio cultural, como la lengua, que pierde terreno frente al inglés y el español.
Infraestructura y riesgo
A esto se suma la llegada de megaproyectos como el Tren Maya y grandes cadenas comerciales, que aceleran la fragmentación de los corredores biológicos. Expertos advierten que, de continuar esta tendencia de crecimiento desordenado, similar a la sufrida por otros destinos masificados, Tulum corre el riesgo de colapsar sus propios atractivos naturales, convirtiendo la selva en un escenario para el consumo de lujo y dejando atrás su conservación.
El futuro de Tulum pende de un hilo, ya que la región se encuentra ante la urgencia de frenar la depredación inmobiliaria y replantear un turismo que sea verdaderamente compatible con la capacidad de carga de sus ecosistemas, antes de que el daño a la selva maya y a sus mantos acuíferos sea irreversible.

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