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La columna del día Norma Luna Guzman

La Dictadura de la Marihuana en el Organismo
Humano, acompañada de una Guerra fría sin fin

Norma Luna

El consumo de marihuana se ha convertido en una dictadura entre sus usuarios, acompañada de su mejor arma, una guerra fría. El objetivo de quienes hacen llegar el opiáceo, es asegurar que la persona lo mantenga, en periodos de consumos repetitivos, en el cuerpo de manera permanente, hasta que la marihuana logre hospedarse en el organismo del ser humano. Ya que esto asegura, una retribución económica diaria. Aquí inicia la guerra fría. No hay enfrentamiento del mercado negro con el usuario del opiáceo, el perverso operativo, en anonimato dispersa a sus integrantes a un primer objetivo, los jóvenes. Se instalan en puntos de reunión social de esta población, donde no hay la protección de la familia o adultos, utilizando engaños, con hombres o mujeres hermosas perversas, una falsa amistad, para detectar jóvenes con emociones frágiles, causadas por conflictos familiares o traumas no resueltos e inducirlos al consumo. Esto sucede con frecuencia en el nivel escolar de secundarias de gobierno y privadas o en centros de reunión de ocio al aire libre. No necesitamos libros o expertos para confirmarlo. Nuestras comunidades son testigos, como los vendedores de marihuana, no necesitan decir. “A qui estoy “. basta, un mensaje de voz en voz, que tarda en llegar a la familia afectada, en mínimo un año, “el hijo del vecino ya es el marihuano de la colonia” destruyendo familias enteras. Al paso de los años, los operativos siniestros, buscan alianza con adultos que están de acuerdo, otros son obligados. Hay testimonios en donde los grupos siniestros, buscan amistad con padres de familia, hombres o mujeres solas con hijos, para poder adentrarse a colegios de los jóvenes y ver la manera de una expansión de su venta. Y así, mantener el ciclo de captación de jóvenes y un estilo de vida, donde el individuo, pueda llegar a la etapa adulta a continuar el consumo del opiáceo. En la actualidad, existen familias completas y personas sin importar la edad, género, ideología, religión, orientación sexual, que consumen el opiáceo, quienes logran dejarla fue por un impacto grave la salud, pero el porcentaje de alejarse del consumo no importando las consecuencias es bajo. Las empresas del mercado negro necesitan de las personas funcionales y de un adicto a la marihuana para que le retribuya la venta, por ello toman jóvenes de familia, donde estos puedan robar o adquirir como sea, la compra del psicoactivo.

Las familias que no tienen idea del tema, hasta que se toca a su puerta, se conmocionan gravemente, postergando el verdadero conocimiento que se debe tener de lo que pasa con una persona que consume marihuana de manera frecuente. Atención, esto sucede:

La marihuana al entrar al organismo de manera repetitiva, continua su dictadura y guerra fría, iniciando la distensión en el organismo. Ataca con una sensación paliativa los desórdenes internos, provocados por una causa emocional, física o mental, haciendo sentir una tregua, al cumulo de conflictos no resueltos. La repetición del consumo genera en los neurotransmisores, un cambio radical en el comportamiento del individuo. La dopamina es la primera en ser impactada.

Este neurotransmisor, da tu buen humor, pero la marihuana en excesos multiplica su liberación, causando euforias que hacen efectivo, un desmoronamiento a mediano plazo e inevitable al sistema nervioso, los síntomas, una desconfianza intrínseca que alcanza lo extrínseco en su entorno familiar y social, ya que el mecanismo del placer llega a su top, por lo que el usuario no está dispuesto a que el placer desaparezca, crea una dualidad, de oponerse y enfrentar lo que le impida el consumo de la planta. Esto le crea fatiga, y todo lo aprendido en su vida, se oculta en la web cerebral, haciendo un vacío emocional, colocando a la droga, como su único dios y familia, consolidando así, una ambigüedad emocional, seguida de una crisis global en el organismo. El consumo ataca los diferentes sistemas del cuerpo. Inicia el declive del usuario. Ya que, en la crisis, se da cuenta que el efecto del primer consumo, no se parece al de su presente, tiene una degradación que termina en un inimaginable sufrimiento. El opiáceo, se instala en los pulmones, cambiando toda la actividad respiratoria, provocando lentitud, flojera, depresión y una multifacética personalidad, lo que las retira a dejar ser funcionales, y a un camino largo de rehabilitaciones e internamientos. Otros usuarios, encontraron la manera de funcionar, pero el costo es muy alto. Los efectos psicoactivos de la sustancia pueden causar, según los testimonios, Parálisis faciales, ataques de pánico, Trastornos Psiquiátrico, como esquizofrenia, alucinaciones, explosiones de ira o agresiones. Dicha sustancia, no se lleva con el alcohol, ni otras drogas, pero hay quienes se atreven y es inminente la proximidad a la muerte. Si tu hijo es menor de 14 años, tienes todo el derecho de llevarlo a internarlo con profesionales, si tu hijo rebasa los 14 años o tienes familiares con más edad, debes ser valiente y atender con sabiduría este tema. Padres no caigas, en la frase “La marihuana no hace daño, es una hierba natural, si puedo fumarla”. No dudes. La marihuana en consumo adictivo, si perjudica.

Asesoramientos tolzinlaser@editor2

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