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Tener animales silvestres en casa: Un grave daño ambiental y un peligro para los humanos 

Redactor: Laura

Tener un águila, tarántula, caimán, o lobo en casa podría resultar en una pena privativa de libertad de uno a tres años, según sanciones impuestas a delitos contra la fauna silvestre. Estos y otros animales silvestres están diseñados para vivir en la naturaleza y no en un ambiente doméstico. Juan Neira, docente en Ingeniería Ambiental de la Uisek, subraya el daño que significa sustraer estos seres de su hábitat y las graves consecuencias que esto trae. 

El principal argumento de Neira es que al tener estos animales fuera de su entorno natural, no solo se les está negando un ciclo de vida adecuado, limitando su capacidad de reproducción, sino que también se les somete a condiciones inapropiadas que afectan su salud y bienestar. Al no estar adaptados a la dieta humana, la ingesta de alimentos procesados y otros productos daña su salud. 

Además, hay un impacto directo en la naturaleza. «Cada especie tiene un papel fundamental en el ecosistema. Al remover uno, se perturba el equilibrio natural», explica Neira. También advierte sobre los peligros de tener animales silvestres en casa, como la transmisión de enfermedades. Por ejemplo, un armadillo puede ser portador de la lepra. 

Enfatiza que estos animales, aunque puedan parecer dóciles cuando son jóvenes, pueden convertirse en amenazas a medida que crecen debido a sus fuertes garras y dentadura. Esta situación es especialmente preocupante en hogares con niños. 

El Código Orgánico Integral Penal, en su artículo 247, sanciona duramente a aquellos que atenten contra la fauna silvestre, mientras que el artículo 318 del Código Orgánico del Ambiente indica las infracciones muy graves relacionadas con la vida silvestre y sus derivados. 

En cuanto a las sanciones económicas, estas se determinan en función de diversos factores, incluida la capacidad económica de la persona y la gravedad del daño ambiental causado. 

Finalmente, Neira invita a la reflexión y a entender que mientras algunos animales, como perros y gatos, están adaptados para compartir espacios con humanos, la fauna silvestre debe permanecer libre y en su entorno natural. 

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